15 de marzo de 2013 / 01:25 p.m.

El jefe de Gobierno enumeró sus proyectos y obras y dijo que busca dejar huella ante su gabinete, mientras sus invitados se saludaban y hablaban sin importar las corrientes

 

Ciudad de México.- Marcelo Ebrard fue el “"gran ausente”" en la celebración de los “"100 días"” del jefe de Gobierno del DF, Miguel Ángel Mancera, quien cerraba su exposición con una advertencia de que el suyo es y será un gobierno de izquierda, pero una izquierda sin ataduras y "“sin dueños"”, remachó en el Auditorio Nacional, donde dos grupos se disputaban coros y consignas en la parte de atrás, mientras otros piropeaban y aplaudían a ese espigado hombre que se movía como un showman en el escenario.

Y su rúbrica, ése su remate, un mensaje al que algunos no le vieron dedicatoria, pero otros, como Carlos Navarrete, sonrisa irónica de por medio, añadía: “"Estoy seguro de que tú entendiste lo que quiso decir”". Quien nada raro había visto fue Alfredo Hernández Raygosa, para el que la izquierda es un “"firme soporte”" del gobierno local. Leticia Quezada, sin embargo, aclaraba que las tribus han respetado al jefe de Gobierno, quien “"necesita ayuda de todos”" los diputados perredistas.

Después de enumerar una serie de obras y proyectos, aquél sería el final de una alocución, sin gran parafernalia y en un escenario, eso sí, enmarcado por tres magnas pantallas: “"Este gobierno quiere dejar huella de la izquierda en la tradición de esta capital, de una izquierda sin dueños, una fuerza política inteligente, propositiva y ordenada en favor de la ciudad. El rumbo está claro, sabemos lo que se requiere, contamos con la gente y con un equipo firme y sólido de gobierno”".

Y aunque había tenido algunos tropiezos en la lectura, Mancera mantenía esa parsimonia que solo rompía para enfatizar algunos aspectos, como esta precisión que también parecía tener dedicatoria: “"El gobierno de la ciudad debe dialogar con todas las fuerzas políticas, con todas las autoridades, locales, estatales y federales. No tengo confusión entre los valores políticos y las responsabilidades institucionales”".

Y ahí estaban sus colaboradores e invitados especiales, que llegaban temprano, como el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, quien estaba flanqueado por el doctor René Drucker y el secretario de Seguridad Pública del DF, Jesús Rodríguez Almeida, mientras Porfirio Muñoz Ledo, frente a ellos, buscaba butaca, y el gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle, platicaba con otros recién llegados.

Un mariachi amenizaba la fiesta con la canción “"Cielo rojo"”, entre otras, que emocionaba a los asistentes, quienes pedían más interpretaciones, sobre todo los venidos de las delegaciones Gustavo A. Madero y Magdalena Contreras.

El director del Metro, Joel Ortega, saludaba a sus compañeros de gabinete. Muy cerca, en la primera fila, estaba el político mexiquense Isidro Pastor, que sufriera el ostracismo durante el gobierno de Arturo Montiel Rojas, y ahora “"resucitado"” por Peña Nieto con un cargo en el Estado de México.

—¿Es o no es? —se le preguntó.

—Sí, pero ya resucité —respondió con humor

—¿Y dónde andaba?

—En Baja California, con un cargo de política partidaria. Hay venias que se sienten aunque no se vea.

Del lado izquierdo, en la primera fila, René Bejarano, siempre circunspecto, era reverenciado por militantes y líderes perredistas. Él extendía la mano y sonreía. Una sonrisa discreta. La misma que obsequió a Julio César Serna, director de la Central de Abasto, quien fue hasta su lugar para apretarlo de los brazos.

El maestro de ceremonias mencionó el nombre del empresario Jorge Kahwagi, entre los invitados, al mismo tiempo que se escucharon silbidos de censura. Es probable que lo confundieran con su hijo, del mismo nombre, el boxeador y ex dirigente de Nueva Alianza, también metido en el ambiente de los espectáculos.

Otro de los presentes era Manuel Jiménez Guzmán, priista de cepa, ahora asesor del jefe de Gobierno, que participa en la elaboración de los discursos.

Y, a propósito, todavía resonaban las palabras de Mancera: “"La izquierda es una forma de independencia, nunca una atadura, es símbolo de libertad y nosotros debemos gobernar con ese ideario, con esa convicción progresista, pero sin distingos”".

HUMBERTO RÍOS NAVARRETE