18 de diciembre de 2014 / 03:14 p.m.

Washington.- La sorprendente jugada del presidente Barack Obama para restaurar las relaciones con Cuba reavivó las pasiones políticas latentes desde hacía mucho tiempo sobre el destino de la nación isleña, lo que refuerza otra diferencia más entre la demócrata Hillary Rodham Clinton y varios republicanos que contemplan competir por la Casa Blanca.

Sin embargo, incluso en Florida, el estado oscilante más importante de la nación, esas distinciones no importarán tanto como alguna vez lo hicieron entre un electorado cada vez más diverso de votantes hispanos y jóvenes cubano-estadounidenses, muchos de los cuales no comparten el mismo fervor para deponer a los hermanos Castro como sus padres y abuelos.

"Si usted es un cubano de tercera generación, para cuando tenía unos treintaitantos... las cosas que definen su visión del mundo no son la política del embargo a Cuba", dijo Steve Schale, un estratega demócrata con sede en Florida que encabezó la campaña por Obama en el estado en 2012.

Entre los posibles candidatos republicanos a la presidencia, el senador de Florida Marco Rubio lideró el miércoles los ataques contra los planes de Obama de aliviar las restricciones económicas y de viaje a Cuba, de abrir una embajada en La Habana y revisar la designación del país comunista como un estado patrocinador del terrorismo.

Rubio y otros calificaron la decisión de un apaciguamiento hacia el régimen de Castro y criticaron la liberación de espías cubanos como parte del trato.

"Cuando Estados Unidos no está dispuesto a abogar por la libertad individual y la libertad de expresión política a 90 millas de nuestras costas, esto representa un terrible revés para las esperanzas de todos los pueblos oprimidos del mundo", dijo Rubio, hijo de exiliados cubanos.

El ex gobernador de Florida Jeb Bush —quien esta semana anunció que explorará "activamente" su posible postulación a la candidatura republicana a la presidencia y quien recientemente reafirmó su apoyo al embargo comercial de Estados Unidos contra Cuba— dijo que la decisión de Obama socava los esfuerzos para crear una Cuba libre y democrática. Acusó a Obama de recompensar de hecho a dictadores "con un récord desastroso en derechos humanos".

El gobernador de Wisconsin, Scott Walker, alegó que Cuba no había hecho suficientes cambios internos para justificar un cambio en la política de Estados Unidos. El senador por Texas Ted Cruz dijo que el gobierno de Obama estaba "cediendo al juego de dictadores brutales cuyo único objetivo es mantenerse en el poder".

Los senadores John McCain y Lindsey Graham, candidato presidencial del Partido Republicano en 2008 y una posible precandidata en 2016 respectivamente, indicaron que las medidas de Obama podrían afectar las relaciones con Irán y que eran un presagio de que vendrá un "capítulo más perjudicial para la seguridad nacional de Estados Unidos".

Esa oposición estridente a cualquier acuerdo con el régimen de los Castro encaja con décadas de política republicana y con los esfuerzos para desarrollar un electorado fiel entre los exiliados cubanos del sur de Florida. Sin embargo, hubo algunas voces que rompieron con la línea dura adoptada por la mayor parte del partido.

La Cámara de Comercio de Estados Unidos, un importante grupo de presión que por lo general respalda a los candidatos republicanos a cargos de elección popular, dijo que las medidas anunciadas ayudarían a la "libre empresa a florecer". La American Farm Bureau Federation, otro grupo republicano leal, también apoyó las acciones de Obama.

El senador republicano por Arizona Jeff Flake, quien viajó a Cuba para acompañar de regreso a Estados Unidos a Alan Gross, un norteamericano que estuvo preso en Cuba durante cinco años y quien fue liberado el miércoles, dijo: "La política que hemos mantenido en los últimos 50 años ha hecho más para mantener a los Castro en poder".

Apoyar esa política de alejamiento de Cuba fue uno de los factores que ayudó a Ronald Reagan en la década de 1980 y que impulsó a George HW Bush a obtener victorias en Florida en 1988 y 1992. En el 2000, George W. Bush derrotó a Al Gore en Florida tras un recuento de 36 días, en una competencia que dependió en parte de la indignación pública por la batalla por la custodia de Elián González.

Sin embargo, Obama ganó Florida en sus dos campañas, ayudado en parte por la demografía cambiante del estado y una afluencia de puertorriqueños en el centro de Florida. El presidente también hizo incursiones con los cubano-estadounidenses, como lo demostraron las encuestas de salida en 2012 y que mostraron que Obama ganó casi la mitad de los votos cubano-estadounidenses, la mayor cantidad para cualquier candidato presidencial demócrata.

Un análisis de datos de una encuesta del Pew Research Center en 2013 mostró que menos de la mitad de los votantes cubano-estadounidenses registrados se inclinan por los republicanos, en comparación con el 64% de hace una década. Durante el mismo período, la participación de los cubanos que apoyan a los demócratas se ha duplicado, pasando del 22% al 44%.

FOTO Y TEXTO: AP