28 de octubre de 2014 / 01:39 a.m.

Río de Janeiro.- Reelecta por apenas tres millones y medio de votos, la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, se enfrenta ahora a un mar de desafíos que pasan por la reactivación urgente de la séptima economía del planeta, que sufre una recesión técnica, y la reforma política para hacer más gobernable al país.

Con la resaca de la victoria electoral apenas digerida, la bolsa de valores de Sao Paulo envió un mensaje claro a la mandataria, cayendo 2.77 por ciento al cierre, mientras el dólar se apreció un 2.64 por ciento respecto al real, la moneda brasileña.

De esta forma expresaba el sector financiero y económico su descontento con la derrota del centroliberal Aécio Neves, quien era observado por la clase empresarial como un reformista de la mayor economía de América Latina.

Consciente de esta situación, Rousseff ya anunció durante la campaña que sustituirá a su ministro de Hacienda, Guido Mantega, artífice de las políticas intervencionistas del Banco Central para frenar la inflación y los tipos de interés bancario, al tiempo que expandió el gasto público que debe ahora ser moderado.

Formar un nuevo gabinete económico que devuelva la credibilidad a Brasil, que bajo su mandato creció por debajo del dos por ciento anual, será la tarea más urgente, en especial porque el país cerró el primer semestre en "recesión técnica".

"Sus elecciones en la economía fallaron y eso no es cuestión de opinión. Son números. Son muy malos, con pocas excepciones. La confianza de todos los sectores empresariales está en caída", señaló la reputada periodista económica Miriam Leitao en su columna de este lunes en el diario O Globo.

"El país necesita ahorro e inversión. Necesita restaurar la confianza en la economía. Es el mayor desafío", señaló.

El país es señalado desde hace meses por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y las agencias de calificación por su bajo desempeño económico, que este año podría concluir con apenas 0.3 por ciento de crecimiento y apenas 1.5 por ciento en 2015.

Victoriosa por apenas tres por ciento de los votos, Rousseff es consciente de que debe además emprender una reforma política que, en su discurso tras ganar los comicios, calificó de central en su nuevo mandato.

Rousseff sabe que debe agrupar el mayor consenso posible por medio del diálogo y la negociación, no siempre fácil, con el objetivo de hacer el Congreso brasileño –donde están representadas una treintena de formaciones políticas- más gobernable y responsable, como pedían millones de personas que salieron a las calles en junio de 2013.

"Se espera de ella que gobierne de forma republicana y estadista, esto es, por medio del diálogo y del consenso", señala a Notimex el profesor Thales Castro, de la Universidad Católica de Pernambuco, estado del noreste de Brasil.

"Su nuevo mandato estará regido por tres ejes: la cuestión económica, con políticas incisivas para el primer semestre de 2015; la creación de una nueva relación con el nuevo mapa político salido de las elecciones; y la gestión de la maquinaria pública de manera más eficiente", agregó.

En su agenda a medio plazo también está la aplicación de medidas para combatir la corrupción, en momentos en que la petrolera Petrobras se encuentra en el centro de la mayor trama de desvío de dinero de sus arcas para partidos políticos y funcionarios.

Brasil –que sirve de ejemplo para varios países de la región, en especial del ala socialista- deberá renovar su programa de desarrollo social, luego que, tras una década en la que sacó de la pobreza a más de 30 millones de personas, el modelo asistencialista comienza a dar signos de agotamiento.

El Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), organismo que publica los datos oficiales, señala en un informe reciente que la reducción de la desigualdad se estancó desde 2011: el ritmo de crecimiento de la renta del 10 por ciento más pobre es menor que el del 10 por ciento más rico.

FOTO Y TEXTO: NOTIMEX