18 de agosto de 2014 / 03:50 p.m.

Ciudad del Vaticano.- El Papa Francisco tendió la mano a China, país con el cual el Vaticano carece de vínculos diplomáticos formales y mantiene relaciones intermitentes, con diversos gestos en su viaje a Corea del Sur.

En la visita apostólica que concluyó este lunes, por primera vez en la historia el avión papal sobrevoló territorio chino, tanto de ida como de regreso y eso dio oportunidad al pontífice de enviar mensajes a las autoridades de Pekín.

"Regresando a Roma después de mi visita a Corea, deseo renovar a vuestra excelencia y a vuestros conciudadanos la certeza de mis mejores deseos, mientras invoco bendiciones divinas para vuestra tierra", escribió a Xi Jinping, presidente de la República Popular China.

Jorge Mario Bergoglio no se quedó ahí y el domingo se refirió de forma abierta a los países asiáticos con los cuales la Santa Sede no mantiene relaciones y les invitó al diálogo.

"Espero firmemente que los países de vuestro continente con los cuales la Santa Sede no mantiene todavía una relación plena no dudarán en promover un diálogo en beneficio de todos. No me refiero sólo al diálogo político sino también al diálogo fraterno", indicó.

Resulta importante considerar que esas palabras no las pronunció durante su discurso a los líderes políticos coreanos sino en su encuentro con un grupo de obispos de Asia, otorgándole a las mismas un sentido más pastoral que institucional.

Frases dirigidas no sólo a China, también tenían como destino a Corea del Norte, Laos, Myanmar y Vietnam. El Papa apostó así a destrabar relaciones difíciles mantenidas con cada uno de estos países.

Además, el Papa quiso explicar que los cristianos no son conquistadores con la intención de eliminar la identidad de las personas ni de los pueblos, no están interesados en las estrategias de la publicidad religiosa ni, mucho menos, pretenden imponer modelos culturales o intervenir en la legítima autonomía de ningún país.

Propuso al diálogo como respuesta para los desencuentros del pasado, un término considerado una mala palabra en tiempos de "choque de civilizaciones".

Bergoglio se refirió al "diálogo humano", y no solo el de la política, con la "apertura hacia todos" como elemento esencial para la misión de la Iglesia.

"No podemos comprometernos en un verdadero diálogo si no somos conscientes", pero no puede ser un diálogo auténtico "si no somos capaces de abrir la mente y el corazón, con empatía y sincera acogida para con quienes hablamos", indicó.

Todos estos detalles no pasaron desapercibidos para las autoridades chinas.

El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores, Hua Chunying, señaló que su país "siempre fue sincero en el deseo de mejorar las relaciones con el Vaticano y siempre tuvo esfuerzos positivos en este sentido", en declaraciones referidas por el China Daily.

Por su parte, Mathew Zhen Xuebi, sacerdote de la Asociación Patriótica (la "iglesia" que goza del reconocimiento de las autoridades de Pekín pero no del Vaticano), habló de "un paso adelante para mejorar la comunicación".

"Tenemos la esperanza que un día China y el Vaticano puedan establecer relaciones diplomáticas y que el Papa pueda visitar China", apuntó.

Francisco tiene el deseo y la voluntad de viajar a ese país, en cuyo territorio ningún otro pontífice puso el pie jamás, como confió a Notimex el amigo de Bergoglio y un antiguo exiliado político argentino Carlos Luna.

FOTO: Especial

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