4 de febrero de 2013 / 02:53 p.m.

México • La noticia sobre el hallazgo del cuerpo sin vida de Enrique Bartolomé Hernández Martínez llegó por teléfono a la una de la madrugada, luego de que el presidente Enrique Peña informara que el equipo de rescate encontró entre los escombros a la víctima 34 del siniestro en Petróleos Mexicanos.

Su esposa Bertha e hijos, Diego de 20 años y Jacqueline de 18, así como sus hermanos, buscaron en los hospitales. Debido a que su nombre no se encontraba en las listas comenzaron a presionar a las autoridades ubicadas en la zona siniestrada, porque “"teníamos el temor"” de que hubiesen suspendido la búsqueda, relató Miguel, hermano de quien, desde hace cinco años, se encargaba de revisar el estado y solidez de los pilotes, es decir, que estuvieran bien las estructuras de la torre.

“"Como a la una de la mañana nos hablaron que un compañero había sacado su cadáver. Fuimos al Servicio Forense de la PGR a preparar el cuerpo, y en lo que cabe nos han tratado muy bien, pagaron todo, estamos viendo incluso cómo van apoyar a mi cuñada y a sus hijos con indemnización y pensión que nos dicen nos debe dar el IMSS."”

No obstante, Miguel y Martín Hernández, hermanos de Enrique, de 55 años de edad, reconocieron que debido a errores cometidos en el acta de defunción y que consideraron “"normales"”, se retrasó la entrega del cuerpo, mismo que salió alrededor de la una de la tarde del domingo del Semefo y permaneció por más de cuatro horas en la funeraria Grossman, en tanto obtenían los documentos legales con los datos correctos.

“"Fue un problema. Como uno no sabe de esto, tuvimos que regresar al Semefo de la PGR para que nos cambiaran el acta. Ahí estaba un abogado de Pemex, que apoyaba a la gente. Si no hubiesen cometido el error ya estaría en el velatorio. Hemos andado de aquí para allá, de hecho, tampoco se contaba con un sello, de la PGR nos mandaron de nuevo a la torre de Pemex"”.

La familia mantenía la esperanza de que Enrique apareciera en cualquier momento, sobre todo porque era un hombre muy hogareño. Solía pasar a diario por su esposa Bertha, con quien se casó hace más de 20 años, para irse juntos a su casa en Chalco. Pero ese jueves jamás llegó, luego se enteró del siniestro.

Fue una cicatriz en la nariz lo que permitió su plena identificación. “"Mis hermanos lo identificaron, sí estaba mal, pero no irreconocible. Presentaba quemaduras, no al grado de no reconocerlo, y también algunas heridas en el cuerpo"”.

Luego de que las autoridades corrigieran el acta 130136942, sobre el sexo del difunto, decía mujer; la dirección, delegación y colonia. Se señalaba muerte por traumatismo toráxico y abdominal, sin mencionar quemaduras. Enrique fue velado en Los Reyes la Paz y hoy será sepultado en el panteón San Nicolás, en Izatapalapa.

HISTORIA POR BLANCA VLADEZ