4 de mayo de 2013 / 03:29 p.m.

México  • Barack Obama no solo compartió ayer su sueño. Lo confirió. Lanzó al cesto los discursos precocinados y desempolvó la oratoria de Martin Luther King y John F. Kennedy para llamar a unageneración de jóvenes mexicanos y estadunidenses a vencer la apatía. Les pidió estar a la altura del reto de sus vidas: sacar a un país de la pobreza.

“Ustedes son el sueño. Este es su momento”, dijo, en un mensaje que de manera oficial estaba dirigido a un público estudiantil, pero que la Casa Blanca tituló ambiciosamente “Al Pueblo de México”. Un discurso de tres mil 500 palabras en el que advirtió: “El México que quieren debe ser construido y ganado”.

Obama dejó lo mejor de su repertorio verbal para el cierre de su visita. Esperó al Museo Nacional de Antropología para rescatar al personaje que electrizó a Estados Unidos la noche de su segunda victoria presidencial. El que movió a un país predominantemente caucásico a respaldar a un candidato negro con una frase simple: Yes we can.

Y ayer, Obama pudo. Tocó vena. Evocó a Octavio Paz, Amado Nervo, y sor Juana Inés de la Cruz. Habló de la raza de bronce. Citó el Himno Nacional. Cautivó a una audiencia compuesta lo mismo por políticos que por alumnos de distintas escuelas. Era un mensaje dirigido a los segundos, aunque también hizo vibrar a unos cuantos de los primeros. “Me deja un muy buen sabor de boca”, admitió el ex canciller Jorge Castañeda.

Entre muchachos a los que se invitó a escucharle hubo un consenso emotivo. “Nunca olvidaré este día”, diría Tamara, estudiante de 14 años. “Es un gran orador. Me inspiró a hacer algo”, concordó Franco, de 15. Sofía, de 16, estuvo cerca de las lágrimas: “Me emocionó cuando salió al escenario. ¡Lo he visto tantas veces que siento que lo conozco!”

Y es que a ellos, Obama les bautizó ayer con nuevos apodos que hablan de la responsabilidad conferida: “Ustedes son los creadores. Los constructores. Los escaladores. Los luchadores que elevarán a los mexicanos por generaciones venideras…”

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Los marcadores del sillerio dispuesto en el patio central de Antropología permiten establecer hacia quiénes también estaba dirigido el discurso. Entre las sillas que permanecieron vacías porque la invitación a escuchar a Obama fue desairada o no fue atendida, se encontraban las de Miguel Ángel Osorio Chong, Manuel Mondragón, Jorge Carlos Ramírez Marín y Jesús Murillo Karam.

Los hombres fuertes del presidente Enrique Peña Nieto.

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Obama es famosamente obsesivo con sus discursos. La prensa estadunidense ha reportado que escribe decenas de versiones en libretas amarillas, antes de considerarlos terminados. Es el proceso que le llevó a redactar “Sueños de Mi Padre” y la “Audacia de la Esperanza”. Necesitó de cuatro meses para el discurso que le catapultó a la nominación democrática en 2008.

No puede saberse cuánto se tomó para elaborar el de ayer o si permitió que alguien metiera mano. Pudo haber comenzado con “El Tengo un Sueño” del doctor King. Pero optó por lo amable. Por una frase que arrancó risas y aplausos porque le mostró hablando español tan mal como puede esperarse.

“¡Buenos días!” (bwenos dejaz), dijo. “Es muy bueno estar de vuelta en México lindo y querido”.

Pero eso solo fue para aflojar a la audiencia. A lo largo de 40 minutos se encargó de delinear su visión sobre el futuro de las relaciones México-Estados Unidos. Un espacio de tiempo en el que no existió Wikileaks ni la DEA ni mucho menos la Border Patrol y en el que se pidió a una generación entera mirar hacia adelante.

Palabra por palabra, el discurso de Obama fue dos veces más largo que el “Sueño de King” o el de la “Alianza para el Progreso” de JFK, convertido en piedra angular de retórica cada vez que hay un encuentro binacional. Quizás ayer haya sido desbancado.

Aquí una de las frases con las que Obama arrancó los primeros aplausos:

“…Jóvenes de México, ustedes honran a su herencia de miles de años, pero también son parte de algo joven, una nación que está en el proceso de rehacerse a sí misma. Y conforme nuestro mundo cambia alrededor de nosotros, es el espíritu de sus jóvenes, su optimismo y su idealismo y su disposición a descartar viejos hábitos que ya no funcionan, lo que hará que el mundo siga adelante”.

Y otra en la que se respondió a sí mismo:

“…he venido a México porque pienso que es tiempo para que nosotros pongamos nuestras viejas mentalidades de lado. Es tiempo de reconocer nuevas realidades”.

Pero la casa se cayó con una frase en particular. Una que transmitió sentido de rumbo. Y de responsabilidad:

“…ustedes son los hombres y mujeres que empujarán a México hacia arriba, mientras asume su papel legítimo mientras cantan, orgullosamente: ‘en el cielo tu eterno destino por el dedo de Dios se escribió’”.

VÍCTOR HUGO MICHEL