AP
14 de junio de 2016 / 04:32 p.m.

WASHINGTON.- La matanza de Orlando está rodeada de interrogantes y lo único claro por ahora es que al presidente Barack Obama no le resultará fácil encontrar una respuesta a lo que describe como una mezcla de extremismo y acceso fácil a las armas, que hace que sea inevitable sufrir este tipo de tragedias.

Obama no ha ofrecido una receta simple para hacer frente a la peor matanza de la historia moderna de Estados Unidos a pesar de que los candidatos que luchan por sucederlo presentaron agresivos planes. El mandatario, en cambio, dice que cuesta determinar las razones que impulsaron a un individuo "trastornado" y que hacerlo tal vez no sea tan importante como realizar un profundo análisis de lo que hay que hacer ante este tipo de episodios.

El ataque de Orlando en el que murieron 49 personas se produjo en momentos en que la Casa Blanca pregonaba nuevos progresos en la lucha contra Estado Islámico, uno de los grupos que Mateen dijo seguir.

El delegado estadounidense ante la coalición de estados que combaten al EI dijo la semana pasada que la moral de esa agrupación se estaba "desmoronando" y que cada vez le costaba más reclutar gente y recaudar fondos. El funcionario, Brett McGurk, afirmó que EI había perdido la mitad de los territorios que controlaba en Irak y que la coalición mataba un líder de EI cada tres días aproximadamente.

Los ataques a los extremistas en sus reductos, no obstante, no hicieron que disminuya el riesgo de acciones terroristas adentro de Estados Unidos, sobre todo las perpetradas por los propios estadounidenses o elementos que actúan por su cuenta, inspirados a menudo en agrupaciones como el EI.

"Es una reacción perversa al éxito que estamos teniendo en el campo de batalla geográfico", sostuvo Wendy Sherman, exsubsecretaria de Estado de Obama. "Estado Islámico trata de demostrar que todavía tiene poder y una forma de hacerlo es a través de estos atacantes solitarios, porque no tienen que venir a Siria, Irak o Libia".

Obama ha dicho que no hay forma de anticipar esos ataques, por más que el FBI diga que esté vigilando a más de 1.000 personas que se cree podrían radicalizarse y emprender acciones violentas.