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25 de mayo de 2015 / 11:55 a.m.

Wang Kelian.-Las autoridades malasias dijeron el lunes que un conjunto de campamentos abandonados por traficantes de personas en la selva incluía 139 posibles tumbas además de jaulas de alambre de púas, lo que echa nueva luz sobre sobre un comercio regional que tuvo como víctimas a un pueblo del sudeste asiático en situación desesperante.

El jefe de la policía nacional, Jalid Abu Bakar, dijo que los forenses estaban exhumando las posibles tumbas halladas en 28 campamentos abandonados en una zona selvática y montañosa en la frontera con Tailandia, donde se sabe operan las bandas de traficantes.

"Es una escena muy triste", dijo Jalid a la prensa en un puesto policial en Wang Kelian, a varios kilómetros de la zona de los campamentos, uno de los cuales parecía tener espacio suficiente para 300 personas. "Estoy atónito. No esperábamos semejante crueldad".

En un campamento la policía halló restos humanos en descomposición dentro de una jaula. Los colocaron en bolsas blancas y los llevaron a Wang Kelian, donde el jefe de la policía distrital Rizani Ismail dijo que los estudiarían los forenses. La policía dijo que excavaría las posibles tumbas —túmulos de tierra cubiertos con hojas y marcados con palos— a partir del martes.

"Hemos descubierto 139 de las que creemos son tumbas", dijo Jalid. "Creemos que son víctimas del tráfico humano".

El primer ministro Najib Razak, de visita oficial en Tokio, prometió hallar a los responsables. "Me preocupa profundamente el hallazgo en tierra malasia de tumbas presuntamente relacionadas con el tráfico de personas. Hallaremos a los responsables", dijo en un tuit el lunes.

El hallazgo en el estado norteño de Perlis sigue a uno similar a principios de mes en Tailandia, donde la policía extrajo decenas de cadáveres. El mayor general de la policía tailandesa Puthichart Ekkachan dijo que hallaron 36 cadáveres en siete campamentos abandonados.

Los descubrimientos sacaron a la luz las redes ocultas de campamentos donde los traficantes mantienen cautivas durante años a personas desesperadas mientras extorsionan a sus familias. La mayoría de las víctimas pertenece a la comunidad musulmana rohingya, una minoría perseguida, o proviene de Bangladesh, parte de una ola de gente que esperaba hallar trabajo o libertad en Malasia.