7 de marzo de 2014 / 09:14 p.m.

MAASTRICHT, Holanda.-  Un joven en una parada de autobús susurra a un peatón: "¿Qué buscas? ¿Marihuana?" Es una escena de oferta callejera que Holanda esperaba erradicar en la década de 1970, cuando lanzó una política de tolerancia a las "cafeterías" donde se podía comprar y fumar la droga en un ambiente controlado.

Sin embargo, los residentes se quejan de que los corredores callejeros de drogas han vuelto a Maastricht. El motivo es una reciente restricción a aquellas cafeterías provocada por otro problema: los turistas que cruzan las fronteras para visitar esos locales y que dificultan el tráfico, arrojan basura e incluso llegan a orinar en la calle.

Esta sustitución de un problema de drogas por otro se ha convertido en un dolor de cabeza para Maastricht y podría justificar una reconsideración de la autorización en los estados norteamericanos de Washington y Colorado, que han decidido vender marihuana legalmente por primera vez.

Holanda, pionero mundial en la liberalización de la droga, ha asumido recientemente una posición más enérgica frente al problema, con resultados contradictorios, especialmente en las ciudades fronterizas como Maastricht.

La campaña del gobierno central prohíbe a la gente que vive fuera de Holanda frecuentar los cafés que venden marihuana y dispone el cierre de los locales considerados demasiado cerca de escuelas. Incluso se instrumentó brevemente una política de que los fumadores debían solicitar un pase para ir a las cafeterías.

Sin embargo, mientras el gobierno central establece las reglas, depende de las municipalidades locales hacerlas cumplir y en su mayoría solo aplican parte de la política.

Ámsterdam, que tiene unos 200 cafés de marihuana, un tercio del total nacional, todavía permite el ingreso a los extranjeros, aunque está cerrando los locales cerca de escuelas.

Una ciudad que ha aplicado las reglas enérgicamente ha sido Maastricht, cerca de las fronteras con Bélgica y Alemania.

Su alcalde, Onno Hoes, dijo que hizo aplicar las regulaciones para frenar el influjo diario de miles de extranjeros que cruzaban la frontera para aprovisionarse de droga en los 14 cafés habilitados. El esfuerzo por poner fin al "turismo de la droga" ha sido exitoso, dicen los residentes locales, pero la otra cara ha sido un aumento en el número de corredores callejeros como el hombre que recientemente trató de vender droga a un reportero de The Associated Press en Maastricht.

Carol Berhmans vive cerca del río Maas, cuyas riberas son frecuentadas por los corredores de drogas a quienes ve al pasear a su perro todos los días.

Dice que había problemas antes, cuando llegaban automóviles llenos de turistas para comprar drogas, pero de poca monta.

Desde que se prohibió a las cafeterías vender droga a los no residentes, el número de extranjeros ha mermado, pero el ambiente de la ciudad se ha tornado más sombrío, con los corredores callejeros que promueven agresivamente su negocio en busca de clientes potenciales y se pelean entre sí, dice Berhmans.

"Ahora los corredores tratan de vender en la calle a cualquiera", se quejó. "Están molestando a todo el mundo".

AP