26 de junio de 2013 / 01:47 p.m.

 Morir en la horca. Recuperar la libertad y volver a Sinaloa. O recibir una reducción y reclasificación de sentencia. Al inicio de su proceso de apelación, estas son las únicas alternativas que yacen frente a los hermanos González Villarreal, cuya defensa ha depositado sus esperanzas en obtener la anulación de su pena de muerte gracias a una serie de nuevos hallazgos técnicos con los que quiere dar un vuelco al caso.

Pero la suspensión de la pena capital conlleva un precio elevado y altamente controvertido: para escapar del fuego, José Regino, Luis y Simón tienen que literalmente saltar al sartén. En uno de los escenarios legales que están sobre la mesa de un panel de tres jueces de la Corte de Apelaciones de Malasia, los mexicanos podrían eludir el patíbulo, pero a cambio tendrían que recibir hasta 24 latigazos en los glúteos con el “bastón judicial”, un instrumento de ratán de 30 centímetros de grosor. Es una forma de castigo corporal que deja cicatrices de por vida y que puede llevar a daños neurológicos y físicos irreversibles.

""Una de las posibilidades que tenemos ante nosotros es que les conmuten la sentencia a una pena de 15 a 30 años de prisión y a que los sancionen con el bastón de ratán"", dijo a MILENIO Kitson Foong, abogado de los sinaloenses, cuyo proceso de apelación arrancó la noche del domingo (tiempo de México), pero fue suspendido y aplazado de último minuto, luego de que la fiscal encargada del caso se reportara enferma.

La clave se encuentra en la cantidad de metanfetaminas que puede ser vinculada a los hermanos. Si la defensa logra desestimar el grueso de las evidencias que pesan contra los González Villarreal —convenciendo a los jueces de que las muestras fueron manipuladas—, su delito tendría que ser reclasificado de narcotráfico a posesión de drogas. Este último es castigado por las leyes malayas no con la muerte, sino con cárcel. Y el bastón.

El uso de “bastoneo” o latigazo como una sanción legal ha sido fuertemente criticado por organizaciones de derechos humanos como Amnistía Internacional, que lo considera una “práctica bárbara” diseñada para generar el máximo dolor posible a un ser humano. Y es una costumbre de la que Malasia no se avergüenza. A diferencia del misterio con el que conduce sus ejecuciones en la horca, el gobierno malayo ha grabado y difundido videos de este castigo, despejando toda duda de cómo es que se lleva a cabo.

El procedimiento comienza cuando un escuadrón de policías especialmente entrenados lee la condena y después ata las dos manos de un preso a una base de madera. Una protección acolchonada que deja al descubierto los glúteos le es colocada en los riñones, para evitar daños a órganos internos. Después, un oficial debe golpear al prisionero repetidamente, mientras un médico monitorea sus signos vitales. El máximo de latigazos que permite la ley es de 24. A manera de premio, el verdugo recibe una compensación económica por cada impacto.

“Esto es una atrocidad”, consideró Fifa Rahman, representante de Harm Reduction International para Malasia.""Hay presos que pierden parte de sus piernas durante los golpes. Se les deforman por completo"". Amnistía Internacional sostiene que los latigazos ""rompen la piel y los músculos. El bastón de ratán viaja a 160 kilómetros por hora y convierte el músculo en pulpa"".

Es un castigo inusualmente duro que ha sido abandonado en la mayor parte del mundo pero que subsiste en una treintena de países musulmanes. Y por atroz que parezca, para los hermanos González Villarreal es ahora una verdadera posibilidad para salvar la vida. Quizá la única forma de evitar el cadalso.

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A lo largo de un año, desde que el juez Mohamed Zawawi condenó a los González Villarreal a la muerte, su abogado se ha dado a la tarea de recopilar elementos suficientes para presentar un recurso de revisión que tenga verdaderas posibilidades de ser tomado en cuenta por la Corte de Apelaciones.

Al arranque de esta etapa judicial, Foong sostiene que los hallazgos de la defensa son lo suficientemente contundentes como para dar un giro de 180 grados al caso de los tres mexicanos.

En esencia, la apelación se sustentará en tres pilares:

1) Tres violaciones documentadas a la cadena de custodia de las evidencias que, por sí solas, tendrían que invalidar el proceso.

2) Discrepancias en un reporte químico de la Real Policía de Malasia sobre el origen de las metanfetaminas. Aparentemente se mezclaron las evidencias de varios casos.

3) Uso de técnicas anticuadas en la prueba de ADN, que vincula a los González Villarreal a la escena del crimen, el laboratorio de drogas de la ciudad de Johor Bahru.

""Son elementos suficientes para que el caso dé un vuelco total"", confió Foong. ""La Corte de Apelaciones invalida todo el tiempo casos de pena de muerte como el de los muchachos por este tipo de equivocaciones e inconsistencias"".

En lo que toca a las violaciones a la cadena de custodia, el equipo de defensa encontró que la Real Policía de Malasia cometió errores difíciles de explicar, entre los que se incluye la desaparición de la mitad de las drogas halladas en el laboratorio. También se perdieron objetos en el traslado a la comandancia, además de que un oficial abandonó las pruebas en una celda por varios días sin vigilancia alguna.

En cuanto al reporte químico, sus resultados apuntan a que la metanfetamina que fue analizada en la fábrica de Johor Bahru no es la misma que llegó a la comandancia y que después fue usada en el juicio contra los mexicanos. Además de que grandes cantidades del material confiscado se perdieron, un análisis posterior arrojó que la droga tenía una composición completamente diferente. Es decir, venía de un caso ajeno.

Por último, Foong insiste en que la prueba de ADN no fue realizada con apego a los protocolos internacionales y que empleó un algoritmo que ya ha sido desechado por policías de Gran Bretaña y Australia.

Como antecedente, los mexicanos tienen a su favor que casos similares, basados en los mismos argumentos, ya han sido desechados por la Corte de Apelaciones. Dos absoluciones se han convertido en referentes judiciales: Yong Kya Heng contra Malasia y Zaifull Mohd contra Malasia. En ambas instancias, las sentencias de muerte por narcotráfico fueron anuladas debido a la violación a la cadena de custodia de evidencias y al debido proceso. Pero a los dos se les castigó con el bastón de ratán.

Precisamente, Foong admite que la posibilidad de un castigo corporal está abierta. Pero por ahora, insiste en que lo esencial es conseguir la anulación de la pena de muerte. “Cruzaremos el otro puente cuando pasemos el primero”, dijo.

 — VÍCTOR HUGO MICHEL