13 de julio de 2014 / 09:00 p.m.

Brasil.- Brasil se salvó de una situación como la que ocurrió el año pasado durante la Copa Confederaciones, cuando hubo violentas protestas en varias ciudades y más de un millón de personas salieron a las calles en una sola noche para exigir al gobierno mejoras en la educación y otros servicios públicos, en vez de gastar una fortuna en el fútbol.

Para la final entre Argentina y Alemania en Río de Janeiro, las autoridades desplegaron a más de 25.000 policías y soldados, el mayor operativo de seguridad en la historia de Brasil. El sábado, la policía arrestó a 19 personas sospechosas de vandalismo y confiscó máscaras antigases, pirotecnia y pistolas, según reportes de la prensa local.

La presidenta Dilma Rousseff, quien fue blanco de fuertes críticas por los enormes gastos en proyectos relacionados con el Mundial, se regocijó por el ambiente festivo que imperó durante el torneo.

"Mantuvimos la paz y el orden", dijo el viernes a corresponsales extranjeros.

Queda por ver si ese logro le ayuda en las elecciones de octubre, en las que aspira a la reelección. La población todavía está molesta por la inflación, la pobreza y las acusaciones de corrupción.

"El ciudadano brasileño promedio tiene grandes quejas contra el gobierno, y simpatía hacia las exigencias que se hacen en la calle, específicamente que el gobierno dedique los mismos recursos que invirtió en organizar la Copa del Mundo en la educación, la salud y la vivienda", expresó Guillermo Trejo, un politólogo de la Universidad de Notre Dame que es especializa en problemas sociales en América Latina.

"La relativa calma del último mes se debe, en parte, a la falta de una 'chispa', algo que transforme las quejas generalizadas e indignación moral en otra movilización masiva", agregó.

Las protestas del año pasado perdieron ímpetu a medida que se tornaron más violentas, con enfrentamientos entre policías y seguidores del movimiento anarquista Black Bloc. Muchos brasileños no simpatizaban con las tácticas radicales de este grupo, que incluían ataques a bancos, oficiales e incluso la policía.

Pero durante el Mundial, aparte de algunos enfrentamientos afuera del estadio Maracaná en los primeros días, los anarquistas pasaron prácticamente desapercibidos.

FOTO: AP

AP