AP
26 de junio de 2016 / 11:26 a.m.

Panamá. — Con fuegos artificiales y banderas panameñas al viento, un barco chino cruzó el domingo por la mañana las nuevas esclusas del canal ampliado, y Panamá puso en marcha su más ambiciosa empresa para mejorar su desarrollo económico pese a los vaivenes del comercio mundial.

Jalado por varios remolcadores, el portacontenedores "Cosco Shipping Panama" ingresó a las nuevas esclusas de Agua Clara en una mañana nublada en ese sector terminal de la provincia de Colón, a 80 kilómetros al norte de la capital.

Una banda recibió la embarcación al son de temas relacionados con la lucha por la soberanía sobre el canal, mientras que miles de panameños, entre los que se encontraban familiares de los siete obreros fallecidos en accidentes durante los trabajos, ondearon banderas del país.

"Esta es una ruta que ha sido utilizada por 500 años, uno no puede cambiar la historia", declaró el presidente Juan Carlos Varela al llegar a las nuevas esclusas y en referencia a la tradición del istmo como punto de comercio. "Es la ruta que une al mundo", agregó.

Panamá pone en marcha finalmente la apertura de una megaobra, a un costo inicial de 5 mil 250 millones de dólares, con la que persigue duplicar la capacidad del centenario canal y competir con otras rutas, como la de Suez, en Egipto.

La obra se abrió casi dos años después de lo previsto debido a retrasos en la construcción y a conflictos por reclamos de sobrecostos, pero el gobierno y las autoridades del canal organizaron una gran fiesta masiva para la ocasión.

Una docena de los 70 presidentes y jefes de Estado invitados asistían al estreno del tercer juego de esclusas, incluyendo mandatarios de Centroamérica y el Caribe, Chile, Paraguay y Taiwán, a los que se sumaron directivos de las mayores navieras del mundo y miles de entusiasmados panameños.

La delegación estadounidense estaba encabezada por Jill Biden, esposa del vicepresidente Joe Biden, pese a que se llegó a esperar la asistencia de Barack Obama, dado que el país norteamericano terminó el canal en 1914, lo controló hasta 1999 y sigue siendo su principal usuario.

La Cancillería panameña consideró el acto un éxito diplomático por la asistencia de representantes de casi todos los países invitados, incluyendo grandes clientes como China, Japón, Perú, Corea del Sur, Colombia y México.

Pero analistas creen que el nivel de las delegaciones se vio afectado por la reciente filtración de millones de documentos del bufete de abogados panameño Mossack Fonseca, que puso en evidencia como ricos y poderosos de todo el mundo utilizan sociedades offshore para evadir impuestos y lavar capitales.

La inauguración llega, empero, en momentos en que el transporte marítimo mundial está deprimido debido a la caída de los precios del petróleo, una desaceleración económica en China, que es el segundo mayor cliente del canal, y otros factores que han afectado el tráfico de la vía acuática y los ingresos.

Aunque las autoridades prevén aumentar el comercio entre Asia y puertos en la costa atlántica de Estados Unidos, quedan dudas debido a que no todos los puertos están preparados para manejar los enormes buques de carga de clase Neo-Panamax.

La obra casi triplica la capacidad de los buques hasta 14 mil TEUs (contenedores de 20 pies), con lo que abarcan al 98 por ciento de la flota mundial activa.

Grupo Unidos por el Canal, el consorcio encabezada por la empresa italiana Salini Impregilo y la española Sacyr, entregó la obra terminada el viernes, aunque una serie de demandas siguen pendientes por casos de presuntos sobrecostos estimados en más de 3 mil millones de dólares.