15 de enero de 2015 / 01:42 p.m.

Washington.- Los cuerpos de inteligencia franceses y estadounidenses se inclinan por la hipótesis de que los atentados terroristas en París fueron inspirados por al-Qaida, pero no supervisados directamente por el grupo, un punto de vista que clasificaría los ataques en una categoría de incidentes preparados en el país y que son extremadamente difíciles de detectar e impedir.

Aunque se cree que uno de los hermanos que realizaron el ataque al periódico Chalie Hebdo viajó brevemente a Yemen en 2011, donde se reunió con un líder de al-Qaida, fuentes de inteligencia estadounidenses no están convencidas de que los ataques de París se dirigieran desde el extranjero, pese a las reivindicaciones de la filial del grupo en Yemen.

Esa reivindicación de responsabilidad parece improvisada y "oportunista", como señalaron dos fuentes destacadas, una francesa y otra estadounidense. Ambas pidieron no ser identificadas para comentar temas sensibles de inteligencia.

Además, los investigadores no tienen claro que Amedy Coulibaly, el hombre que mató a cinco personas en París en incidentes separados, se coordinara por adelantado con los hermanos Cherif y Said Kouachi, que mataron a 12 personas en el asalto al semanario Charlie Hebdo.

De confirmarse, esas hipótesis, sitúan los ataques en una esfera de violencia perpetrada por individuos desafectos que albergan simpatías por al-Qaida, el grupo Estado Islámico o milicias similares, pero no participan en una conspiración internacional que resulta más fácil de detectar.

Hay un amplio espectro en los grados de vinculación de estos episodios con al-Qaida, señalaron los analistas, desde el trastornado converso al islam en Oklahoma que decapitó a un compañero de trabajo en una planta de envasado de carne el pasado septiembre a los hermanos de París, ideológicamente comprometidos, que atacaron el periódico satírico. El hombre de Oklahoma no tenía ninguna conexión con un grupo terrorista, mientras que se cree que los hermanos Kouachi consultaron a una filial de al-Qaida en Yemen.

El miércoles, un hombre de Ohio fue arrestado y acusado de planear el asesinato de miembros del gobierno dentro del Capitolio de Estados Unidos. El FBI dijo que el detenido había hablado de su deseo de apoyar al grupo armado Estado Islámico.

Otros casos semejantes en Estados Unidos fueron el atentado contra la maratón de Boston en 2013, el intento de detonar una bomba en Times Square y los tiroteos de Fort Hood en 2009. De igual modo, las autoridades no hallaron relación entre terroristas internacionales y el hombre que atacó el Parlamento canadiense en octubre.

Estas tramas, diseñadas dentro del país, menos coordinadas y con menos participantes que un ataque complejo como los atentados del 11 de septiembre de 2001, implican menos comunicaciones que pueden interceptar las agencias de inteligencias y menos fuentes potenciales a las que acudir. Los "lobos solitarios" como Moner Mohammad Abusalha, un palestino estadounidense que decidió emprender la yihad, son los más difíciles de descubrir, indicaron las fuentes.

En Estados Unidos, el FBI no estuvo al tanto de que Abusalha, residente de Vero Beach, en Florida, se había radicalizado hasta poco antes de que realizara un atentado suicida en Siria el pasado mayo, indicaron dos fuentes estadounidenses que hablaron bajo condición de anonimato porque no estaban autorizadas a dar su nombre al comentar temas sensibles de inteligencia.

"Tienes individuos que están inspirados por la ideología, pero no están conectados directamente con ningún grupo específico", dijo John Cohen, ex coordinador antiterrorista del Departamento de Seguridad Nacional y que ahora es profesor en la Universidad de Rutgers. "Son muy difíciles de identificar para nuestras capacidades antiterroristas tradicionales".

Las autoridades francesas conocían a los extremistas que realizaron los ataques de la semana pasada en su país, pero los hombres no estaban considerados como una amenaza significativa por el sobrepasado servicio de inteligencia interior. Más de 1.000 extremistas salieron de Francia para combatir en Siria y algunos han regresado a casa. En Estados Unidos, sólo unos 150 estadounidenses han intentado o logrado hacerlo, y las autoridades dicen que es difícil seguirles la pista a todos.

Cherif Kouachi dijo haberse encontrado en Yemen con Anwar Awlaki, el clérigo estadounidense que fue asesinado en Yemen en 2011 por un ataque de drone de la CIA. Don Borelli, ex agente antiterrorista del FBI, dijo que el caso de París parece encajar en un patrón. "Van y son adoctrinados, adquieren todas las habilidades, reciben apoyo. Pero luego hacen su propio reconocimiento sobre el objetivo y escogen el momento adecuado".

Ese patrón, señaló Borelli, ha evolucionado en parte por el éxito de la vigilancia de la Agencia de Seguridad Nacional, que ha logrado interceptar conversaciones entre los terroristas en el extranjero.

Los musulmanes estadounidenses están mucho más integrados en la sociedad que sus homólogos en Europa, así que hay menos oportunidades de desafección y radicalización, según los expertos. Al mismo tiempo, las libertades de expresión y civiles del país establecen un alto estándar para la vigilancia de posibles extremistas.

Cohen y otros ex miembros de las fuerzas de seguridad dijeron que las autoridades estadounidenses tienen que profundizar en las comunidades étnicas y detectar la radicalización antes de que se extienda. Es una combinación de vigilancia, desarrollo de fuentes y aproximación a las bases, señalan.

En casos como los de Boston, Fort Hood y Times Square, dijo Cohen, las investigaciones revelaron que personas próximas a los autores identificaron cambios de comportamiento, pero no informaron de ellos. A menudo, las familias temen que sus seres queridos sean arrestados, dijo.

"Tenemos que cambiar la forma en la que gestionamos estas cuestiones y movernos más allá del modelo de 'denuncia y arresto' a un mecanismo más de intervención y prevención de violencia", dijo.

FOTO Y TEXTO: AP