9 de febrero de 2013 / 06:05 p.m.

Agradecen a los diferentes rescatistas que colaboraron, pero especialmente a los propios trabajadores petroleros.

 

México.- A sus espaldas estaban escritos sobre un muro de honor los nombres de María de la Luz Canales Gutiérrez, Rosa Angélica Lara Hernández, Analilia Vázquez Manzo y de las otras 34 víctimas de la explosión de gas metano en el edificio B2 de Pemex.

Justo ahí, cobijado por una sombra fría, el presidente Enrique Peña Nieto montó una guardia de honor, depositó una ofrenda y volvió a pedir un minuto de silencio para honrar a las víctimas del 31 de enero.

Los pasillos, oficinas y el ambiente en las instalaciones de Pemex se sentían entristecidos y enlutados por padres de familia, hermanos, amigos, compañeros petroleros que hoy ya no cuentan con 37 de los suyos.

Peña Nieto se hizo del micrófono para decir que se trata de víctimas fatales, que en su mayoría ya habían concluido su jornada de trabajo y se disponían a regresar a su hogar.

“"Eran esposas y esposos comprometidos; madres y padres responsables; hijos y hermanos solidarios. Eran personas de bien, que trabajaban con esmero para brindarle una vida digna a sus familias"”, dijo el Presidente.

Varias sillas se dispusieron en la explanada de la paraestatal; en ellas, sumidas en su dolor, varias cabezas negaban lo ocurrido hace ocho días, buscándose entre sus miradas para darse fortaleza y consuelo.

Seguramente varios de los presentes tuvieron la oportunidad de socorrer a sus compañeros de trabajo, por ello la cifra de 37 muertos se contuvo.

Por eso Peña Nieto reconoció que esa importante labor, por ser determinante: “"Durante los recorridos que hice por este complejo administrativo, y en las visitas que tuve oportunidad de hacer a los centros hospitalarios, me encontré con varias de las personas lesionadas y pude constatar la heroica labor de voluntarios, bomberos, soldados, marinos, policías, médicos, enfermeras y, muy especialmente, muy especialmente, de los propios trabajadores de Pemex”".

Y sí, cuando el reloj rayaba las cuatro de la tarde de ese último día del primer mes de este 2013, mujeres y hombres se sobrepusieron a la explosión y entre el terror y el humo fueron arduos e infatigables en ayudar a los suyos, en rescatar a sus compañeros atrapados entre los escombros y, lamentablemente, recuperar los cuerpos de víctimas.

“"Por todo ello"”, dijo Peña Nieto, "“en nombre de México, agradezco públicamente a cada uno de quienes participaron en las labores de rescate y auxilio, ante los hechos que aquí se presentaron”".

Después dio paso a la entrega de reconocimientos lo mismo a la Cruz Roja mexicana que a los llamados y socorridos Topos y a otras muchas instancias públicas y de la sociedad civil que se volcaron a dar todo en ese momento trágico.

Pero esta triste y trágica historia aún no escribe su último capítulo, su punto final. Así lo reconoció Emilio Lozoya, director de la paraestatal en desgracia: “lo que sabemos hasta hoy, desde luego, no es suficiente. Estoy seguro de que muchos de ustedes se preguntan, porque yo me pregunto lo mismo, por qué se produjo la explosión.

“"No lo sabemos aún, pero hoy aquí, ante ustedes, me comprometo a seguir muy de cerca la investigación sobre el origen de esta explosión y a colaborar y apoyar a las autoridades en dicho proceso. Esto es lo menos que le debemos a los deudos de los nuestros, es lo menos que nos debemos a nosotros mismos".”

RODOLFO MONTES