25 de julio de 2014 / 06:19 p.m.

Río de Janeiro.- Dos semanas después del final de la Copa del Mundo 2014, Brasil se enfrenta a una herencia del evento marcada por las deudas, las obras aún por terminar y una pesadilla futbolística en forma de derrota por 7 a 1 ante Alemania que tardará décadas en cicatrizar.

El mayor lastre económico proviene sin duda de los estadios construidos o reformados para el Mundial, 11 de un total de 12, y que originalmente el Estado debía tener apenas una participación, pues también estaba previsto la entrada de capital privado.

La factura de esas obras asciende a tres mil 200 millones de dólares, sumando también los intereses bancarios, y es un 40 por ciento superior a lo previsto en un inicio.

Sin embargo, lo más preocupante no es que, ante los retrasos, el Estado haya tenido que aportar mucho más capital de lo planeado, sino que muchas instalaciones probablemente engrosen la lista de “elefantes blancos” inutilizados tras competiciones de este tipo.

Los dos ejemplos más claros son los estadios de Manaus, capital del Amazonas, y Brasilia, la capital federal, que en total suman mil 100 millones de dólares y, por inexistencia de equipos de futbol de élite locales, nadie sabe ahora cuál será el uso de esos coliseos.

Los más de 11 mil millones de dólares desembolsados para la Copa generaron nuevas obras de infraestructura en el país, pero la movilidad –uno de los males crónicos de un país sin apenas vías férreas útiles y de distancias continentales- no vivió la “revolución” prometida por las autoridades.

De hecho, 23 obras previstas inicialmente para antes de la Copa siguen sin ser terminadas, con 10 que ni siquiera tienen plazos de entrega, tres previstas para los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro de 2016 y el resto durante el transcurso del período 2014-2015.

A nivel económico, el mayor legado es el aumento del gasto del turismo extranjero, que en junio desembolsó en el país 797 millones de dólares –un récord, según datos publicados hoy- y se espera que esta tendencia se vea impactada también en julio y agosto.

A nivel deportivo, la Copa deja probablemente el mejor juego y la mayor emoción futbolística de los últimos cinco campeonatos, pero entre los hinchas nadie borra el angustioso recuerdo de haber sufrido “la mayor derrota de la historia del futbol brasileño” en su propia casa.

El 7 a 1 ante Alemania borró el Maracanazo de 1950 de la memoria colectiva, pero sólo para substituirlo por el Mineirazo, en referencia al estadio donde se disputó la ahora célebre -y para una inmensidad fúnebre- semifinal.

FOTO: AP

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