31 de mayo de 2013 / 01:53 p.m.

México• Ahí iban llegando todos, uno por uno, en sus camionetotas, con caras de pocos amigos. Eran los gobernadores-alumnos mandados a llamar por el director del colegio, el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong.

Iban llegando todos con ese semblante de educandos enfurruñados que han sido pillados en varias indisciplinas (electorales) y que van a comparecer ante los prefectos (los dirigentes nacionales de PAN, Gustavo Madero, de PRD, Jesús Zambrano, y de PRI, César Camacho, en calidad de tutor). Reunión del Pacto por México con gobernadores en cuyos estados habrá procesos electorales este año.

Ahí llegaban todos, los 14 pupilos mal portados, entre ellos el de Veracruz, Javier Duarte; el de Coahuila, Rubén Moreira; el de Baja California, José Guadalupe Osuna; el de Quintana Roo, Roberto Borge (llegó en motocicleta, se le hizo tarde) y el de Oaxaca, Gabino Cue.

De testigo, en representación del dueño del cole, Aurelio Nuño, jefe de la Oficina de la Presidencia. Tres horas y media de junta. La víspera ya lo adelantaba a MILENIO y otros medios Jesús Ortega, ex líder nacional del PRD, y miembro del consejo rector del Pacto: “Sí hay tensiones al interior, porque algunos gobernadores se siguen comportando como virreyes: les importa un bledo, un comino la reforma del Estado, lo que quieren es ganar elecciones”.

Esa era el ambiente a las seis de la tarde, la hora de llegada al hotel Marriot de Polanco, al Thai House, donde se efectuó la reunión. Algunos como Zambrano y Duarte, el de Chihuahua, habían aprovechado para comer al lado, en la Brasserie Lipp. Arribaba el prefecto Madero con la espada desenvainada: traía una caja llena de expedientes, carpetas sobre el mal comportamiento de los muchachos, legajos con denuncias por presuntas actividades electorales indebidas, hojas con evidencias, decía, sobre el uso político-electoral de programas sociales. El prefecto panista erguía los folders sobre los chamacos gobernantes mal portados y posaba para las fotos.

Arribaba después el tutor priista Camacho e intentaba interceder por los acusados y desechar la idea del regaño: “Los gobernadores no tienen jefe. Esta es una charla de buena fe, un compromiso caballeroso para que todo transcurra bien. Quien no cumpla con la ley (se tornaba en prefecto) se las verá con la ley)”.

Apuntaba que se trataba de una reunión a puerta cerrada para evitar un “espectáculo mediático”, y en efecto, al final los gobernadores salieron por una puerta trasera para no enfrentar las preguntas de la prensa. Eso sí, posaban todos sonrientes, como si no hubiese habido prefectos y alumnos regañados.

Eso era al final, antes y durante la reunión sí había habido reclamos. Uno de los gobernadores pedía que el Pacto respetara la soberanía de los estados, uno más exigía respeto a sus decisiones. Ante una mesa cuadrada los gobernadores estaban al oeste y al este; el secretario de Gobernación, los dirigentes de los partidos y Nuño, al norte, y los miembros del consejo rector al sur.

¿Qué ocurrió ahí adentro? Jesús Ortega lo sintetizaba así:

—Se habló fuerte. Todos hablaron fuerte. Se habló fuerte de los dos lados. De nuestra parte se dieron argumentos y presentaron documentos.

—¿Se enfurecieron ellos?

—No, se habló fuerte, pero tampoco hubo pleito. El punto es que las elecciones se lleven a cabo con orden y legalidad.

El sinaloense Malova habló por los gobernadores antes de que se fueran por la puerta trasera y dijo que no serían ellos los que pongan en riesgo el Pacto y que garantizaban “piso parejo” para todos en las elecciones.

Osorio Chongo lo sintetizaba así: “Se habló con claridad”.

Así se reunían los prefectos y los alumnos: a hablar fuerte y con claridad. Eso sí, acordaban verse las caras en dos semanas más…

JUAN PABLO BECERRA-ACOSTA M