AP
10 de febrero de 2016 / 08:47 a.m.

El Salvador.- Para los trabajadores de la salud que combaten el zika en buena parte de América Central, la amenaza más inmediata no es el mosquito que transmite el virus, sino las pandillas que controlan barrios y calles y a veces amenazan sus vidas.

Pandilleros armados
y bien organizados de la Mara ejercen un control casi total sobre barrios enteros usando centinelas para vigilar quién entra y quién sale. En algunos casos, les niegan acceso a los trabajadores porque sospechan que colaboran con la policía o con pandillas rivales.

En 2014, un miembro de un cuerpo médico de emergencias que acompañaba a un grupo de fumigadores murió baleado por miembros de la Mara que le levantaron la camisa y vieron que tenía un tatuaje de una pandilla rival, según versiones de los medios. En Honduras y Guatemala ha habido incidentes parecidos, en los que los fumigadores son perseguidos, agredidos o se les cobra un pequeño impuesto para darles acceso al barrio.

Se han identificado más de 7 mil posibles casos de zika en El Salvador, donde las autoridades recomiendan a las mujeres no quedar embarazadas por dos años debido a los defectos de nacimiento que se sospecha pueden estar vinculados con el virus. El país lanzó además una campaña contra el mosquito Aedes aegypti, enfocada en la fumigación y la eliminación de pozos de agua y desperdicios donde se reproduce la larva del mosquito.

Pero El Salvador, un país de sólo seis millones de habitantes, registró más de 700 asesinatos en enero y tuvo una tasa de homicidios de 103 por 100 mil habitantes el año pasado, que se cree es la más alta del mundo en países que no están en guerra abierta.

Es en este contexto en el que los trabajadores gubernamentales tratan de contener el zika.

Cada vez que se identifica un posible caso de zika, la clínica Villa Mariona trata de llevar equipos a la zona para buscar más personas con fiebre y destruir las áreas donde se crían los mosquitos. Mejía dijo que se les niega acceso a trabajadores de otra clínica de Cuscatancingo.

Eduardo Espinoza, viceministro de salud, afirmó que esos incidentes son esporádicos y que "no hemos ninguna dificultad apreciable excepto en algunas zonas, específicamente la zona metropolitana".

En Guatemala, los fumigadores se proponían ingresar a un barrio de la capital la semana pasada pero los residentes les advirtieron que era demasiado peligroso, de acuerdo con Sergio Méndez, coordinador de fumigaciones del ministerio de salud.

"No le pedimos apoyo a la Policía ni al Ejército para entrar al lugar, porque luego van y hacen allanamientos y a nosotros nos toca regresar, la gente piensa que nosotros los denunciamos", dijo Méndez.

Las pandillas pueden complicar la lucha contra el zika y otras iniciativas de salud pública de formas menos directas.

El temor a los Maras hace que muchos residentes se nieguen a abrir la puerta de sus casas o dejar que ingresen trabajadores de la salud.

De los nueve casos de zika registrados en la zona que sirve la clínica Villa Mariona, sólo cinco habían sido identificados porque la gente se negó a dar los números telefónicos o las direcciones de sus familiares.

Mejía dijo que el miedo también contribuye a la epidemia.

Por ejemplo, cuando se rompe una cañería en un barrio controlado por pandillas, el gobierno tarda en responder porque el personal que despacha corre peligro, relató. Esto hace que el suministro de agua no sea confiable y que la gente guarde agua en barriles, el sitio ideal para la reproducción del mosquito transmisor.