AP
9 de febrero de 2016 / 07:39 a.m.

Cuba.- Mauro Coca dibujó un pájaro tropical a lo largo del brazo de la joven Julivic Márquez. Minutos después apretó la aguja eléctrica que entintó los primeros centímetros de lo que le llevará nueve horas convertir en un quetzal rojo, azul y verde.

"Esto está realmente bueno", dijo Márquez de 21 años, una joven dominicana que estudia en Cuba, mirando el resultado sobre su piel.

Cuba ya tenía artistas tatuadores antes de la revolución y su práctica era mal vista en los 50. El triunfo de los rebeldes continúo en los 60 con el estigma, al que agregó las preocupaciones por los riesgos para la salud del grabado en piel.

Pero ahora el tatuaje está en alza en Cuba, con cientos de talleres que operan tolerados, aunque vulnerables pues no hay una regulación legal que los proteja a ellos mismos, a sus clientes, ni les ampare la compra de materiales o les imponga una formación sanitaria.

"No somos ilegales, ni legales. Preferimos usar la palabra alegales, porque aunque estemos en ese limbo nuestra acción no es delictiva", comentó Marta María Ramírez.

La legalización completa les permitiría también comprar materiales, obtener el apoyo de las instituciones culturales cubanas para realizar eventos y hasta no pelear en la aduana cuando traen sus pinturas o agujas.

Según los tatuadores, el "boom" llegó a la isla junto con la difusión mundial del género, el arribo de turistas y la divulgación de una estética de farándula donde las figuras aparecen con sus dibujos en la piel; mientras la posibilidad de viajar al extranjero de estos artistas les permitió conocer y comprar otros materiales y elevar su técnica.