20 de abril de 2013 / 04:07 p.m.

 Zinacantán • Arroz, frijol, verduras, maíz, el traductor enunciaba en portugués los alimentos, mientras el ex presidente de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva asentía.

Había preguntado cuál era la dieta de uno de los habitantes de Zinacantán, en Chiapas, e hizo un gesto de sorpresa cuando la lista terminó, después del cuarto alimento.

—¿Nada más? —preguntó rascándose la cabeza.

—Pues, a veces, caldo de gallina. Solo a veces, contestó uno de los tzotziles que estaban frente a Lula.

El brasileño quedó pensativo, preguntó que si la yuca o el camote formaban parte de la dieta, recibió una negativa.

¿Carne? ¿Vegetales? La respuesta fue la misma.

Casi al mismo tiempo en que recibía la explicación, observaba la dentadura de uno de los pobladores y lanzó una pregunta curiosa.

—Pero tú, ¿por qué tienes tanto oro en la boca?

Fue una de las primeras preguntas que hiciera el ex presidente de Brasil con un intérprete que batallaba con el español elemental que hablan la mayoría de los habitantes.

La pregunta la lanzó al presidente municipal José Sánchez, un hombre moreno, bajito con una nariz nudosa quien rió mostrando todos los dientes dorados. Y sí, contrastaba con el resto de las sonrisas: dentaduras picadas por caries y la desnutrición de la población en Zinacantán.

Para cambiar de tema, el edil decidió aumentar un producto más a la lista de alimentos e invitó a los presidentes a brindar con Poch, un destilado de caña. El presidente Enrique Peña rió de buena gana, preguntó varias veces cómo se preparaba y prefirió dejar el trago para otro día.

El recorrido siguió con el mandatario brasileño a la cabeza, tratando de entenderse, a veces a señas con los pobladores y peleando un poco con el pokuil, la indumentaria típica con la que ungieron al mandatario federal y al invitado de honor.

Preguntó por los niños, cuántas veces tomaban leche, el precio de las casas, el número de gente que vivía en ellas.

Se topó con una familia de tzotziles. El padre, de no más de 24 años, presumía a sus tres hijos, de menos de tres años todos y afirmaba al brasileño que aún podía tener más. “Porque tierra tengo mucha”, a lo que Lula contestó: “pero esa no se come”.

La idea, era mantener a la población cerca, que hicieran conocer sus peticiones que habían estado formulando con tres días de antelación, cuando la avanzada presidencial cayó para trastocar la vida cotidiana del pueblo.

Sin embargo, las camisas blancas impecables del Estado Mayor terminaron por ser lo que dominaba en la vista alrededor de los presidentes. Los escoltas lograron expulsar de cualquier cercanía a los indígenas con sus mantas de color morado. Los mandatarios caminaron un buen trecho solos, sin hacer pausas, mientras los indígenas se conformaron con mirarlos de lejos.

— MIRIAM CASTILLO