16 de mayo de 2013 / 11:52 a.m.

Ciudad de México • En San Cosme iniciaron su marcha. Cientos. Miles. Maestros disidentes —“"democráticos"”, acotan ellos —, e integrantes de organizaciones solidarias. Como los electricistas, cuyo líder, Martín Esparza, caminaba erguido al frente de ese contingente con desvíos largos y repetidos sonsonetes. “"De norte a sur, de este a oeste…"”

Unos decían que eran seis mil, otros que ocho mil. Trayecto largo con escalas programadas. Nada de vandalismo, como vaticinaron autoridades. Solo diatribas contra el gobierno y las dos principales televisoras, frente a una de las cuales, sobre avenida Chapultepec, se detuvieron. El único momento de crispación.

Habían recalado sobre San Cosme, aunque algunos creyeron que la cita era cerca de la Escuela Normal Superior, que también lleva ese nombre una estación del Metro y en cuyo exterior algunos comenzaron a reunirse, pero más tarde supieron que la mayoría se agolpaba afuera de la siguiente estación y calles adyacentes.

Y hacia allá caminaron.

Eran las diez y media de la mañana. Dos maestros pedían cooperación monetaria y víveres para apoyar a sus compañeros que ocupan la tercera parte del zócalo. Entre los convocados había algunos que vestían playeras negras con letreros de “"Morena, la esperanza de México"”. Y a propósito del 15 de mayo, un coro salía de las filas que ya se movían: “"El día del maestro lo festejamos luchando"”.

Encabezaba la marcha, como es usual, un autobús del Movimiento Proletario Independiente, en el que viajaban oradores que, como siempre, animaban a los protestantes, quienes giraron a la derecha, en Insurgentes, cruzaron Reforma, luego Niza, para luego torcer en Chapultepec.

Múltiples consignas. Las más novedosas: “"Enrique y Obama, negociaron en la cama"”, “"Los oaxaqueños vamos a estar siempre contra la injusticia y la marginación, porque somos como las águilas: nos gusta volar en libertad”.

Esparza mostraba un manuscrito: “"maestro, luchando, también está enseñando"”. Y ya cerca del mediodía, frente a Televisa, la marcha frenó. Piquetes de policías, codo con codo, resguardaban el inmueble.

Y duro contra la televisora.

Exigían “"derecho de réplica"” y lograron entrar dos representantes. En el exterior había carteles que anunciaban: “"La Tempestad, lunes a viernes, 9:30 pm"”. Y las figuras de dos hombres, torsos desnudos y una mujer. Simulaban salir del mar picado. Formaban parte de la escenografía.

Francisco Bravo, de la sección 9 del SNTE, uno de los tres que entregó el documento, dijo: “"se grabó una entrevista y pedimos espacios; no más exclusiones"”. La marcha reinició, giraron sobre Lázaro Cárdenas y más tarde por 5 de Mayo, donde una anciana preguntó:

—¿Son maestros?

—Sí, la mayoría.

—Yo también —agregó la mujer, con voz suave—, pero no dejamos a nuestros alumnos sin clases.

La multitud bordeó el Zócalo y algunos miraron con recelo hacia los portales, protegidos por policías de la SSP, y dieron vuelta a la derecha y quedaron frente al edificio de la Suprema Corte. Y corearon: “"En ese edificio, hay gente sin oficio"”.

Desfilaron oradores, entre ellos Esparza —“"hoy en el DF se rompe el cerco informativo"”, dijo, pero hubo gritos—, quien arremetió contra los ministros. El Llanero solitito le hizo el quite y divirtió a las pocas personas.

HUMBERTO RÍOS NAVARRETE