11 de mayo de 2013 / 05:21 p.m.

Tlaxcala • Un funcionario de la Presidencia trataba de escribir con letra legible y al mismo tiempo sostener una montaña de papeles, cartas en hojas recién arrancadas de un cuaderno y sobres con documentos oficiales.

Mientras malabareaba con la papelería, en una libreta anotaba con orden lo que una mujer bajita y morena le dictaba:

"María Torres González, tengo cuatro hijos, vivo en el municipio de El Carmen y quiero que el Presidente me ayude, porque mi esposo se fue y ya no hay dinero para darle de comer a los niños. Pero anótele bien, anote que se fue, porque si no estoy sola, no me va a querer venir a ayudar".

Era parte de la avanzada que recorrió el mismo trayecto que haría el Presidente minutos después. La intención: recoger el mayor número de peticiones para que durante el paso de Enrique Peña Nieto, las peticiones fueran las menos.

Incluso, una batería de elementos del Estado Mayor Presidencial repartió tarjetas de presentación del Presidente. Enrique Peña Nieto se lee con letras negras en el centro, aunque para localizarlo está solo el teléfono del conmutador de la oficina de Los Pinos.

Minutos más tarde, en medio de una nube de fotógrafos y camarógrafos oficiales arribó el Presidente acompañado de su esposa, Angélica Rivera. Ambos saludaron a las mujeres que se arremolinaban en las vallas que formaban el pasillo por donde llegó la pareja.

La escena era similar a muchas de las que se tuvieron en campaña, en las que ambos hacían pausas para sacarse fotografías con los celulares y cámaras que les extendía la gente.

Por fin llegaron al templete, donde estaba dispuesto un almuerzo igual al que sirvieron a la gente que se reunió tres horas antes: tacos de canasta y alambre de puerco... que en la mesa principal quedó intacto.

Ya en los discursos, la primera en tomar la palabra fue Rivera, quien reconoció a las madres en el país y fuera del protocolo, decidió reconocer al Presidente y le lanzó una frase cariñosa.

"Gracias, amor, por esa importancia y ese valor que le das a todas las mujeres de este país, porque se empieza por casa, y se los puedo decir: nos cuida bien a todas las mujeres que tiene en casa", dijo.

Después vino el discurso del Presidente, vestido de manera casual, sin corbata ni saco, y saludó a las mamás que estaban reunidas.

El mandatario inició con un agradecimiento a su esposa por ser madre de seis hijos. El revuelo hizo dudar al mandatario e hizo una pausa para hacer un recuento mental. Después sonrió y reclamó en tono de broma.

"Ya me hicieron dudar, porque sumados tenemos seis hijos: sus tres hijas y mis tres hijos", dijo para después reírse y dar un respiro de alivio.

La jornada terminó rápido, las canciones del mariachi se recortaron y minutos después había terminado el festejo.

MIRIAM CASTILLO