15 de enero de 2015 / 05:18 p.m.

Estados Unidos.- El papa Francisco dijo el jueves que en su viaje a Filipinas, la nación católica más grande de Asia, se concentrará en la suerte de los pobres, los explotados y las víctimas de la injusticia, temas que tendrán gran repercusión en un país donde casi la cuarta parte de los 100 millones de habitantes son pobres.

Las campanas de las iglesias tañeron en todo el país y cientos de niños bailaron y ondearon pequeñas banderas vaticanas y filipinas cuando el pontífice salió del avión, recibido por simpatizantes liderados por el presidente, Benigno Aquino III. Una ráfaga de viento le voló el solideo papal segundos después de su llegada y Francisco intentó sujetarlo en vano, sonrió y bajó las escaleras del jet.

El pontífice reveló sus prioridades para el segundo tramo de su gira asiática en declaraciones a la prensa durante el vuelo de Sri Lanka a Manila. Habló también del ataque reciente a Charlie Hebdo en París y dijo que la libertad de expresión tiene límites, sobre todo cuando se trata de insultos o burlas a la fe de los demás.

Con todo, insistió que era una "aberración" matar en nombre de Dios y que nunca se debe usar la religión para justificar la violencia.

En su visita a Filipinas, dijo, "el meollo del mensaje serán los pobres, los pobres que quieren avanzar, los pobres que sufrieron el tifón Haiyan y siguen sufriendo las consecuencias".

Dijo que pensaba también en los pobres, que "enfrentan tantas injusticias, sociales, espirituales, existenciales".

"Pienso en ellos", dijo en alusión a un almuerzo que tuvo en el Vaticano con trabajadores filipinos que dejaron sus familias en busca de trabajo.

Jóvenes filipinos vestidos con camisetas blancas iguales le dieron una calurosa bienvenida a ritmo de hip-hop que hizo que las azafatas del avión salieren hasta la escalerilla para verla.

En la terminal, un niño y una niña de un centro para niños sin hogar le entregaron flores y lo abrazaron.

"Le dije 'bienvenido' (en español)", dijo Lanie Ortillo, de 9 años, añadiendo que el pontífice le sonrió y respondió: "Sí, 'bienvenido'''.

Francisco subió después a su papamóvil blanco descapotable y comenzó el trayecto de 11 kilómetros hasta la Nunciatura Apostólica de Manila, donde se alojará.

Decenas de miles de personas lo llamaban por su nombre y tomaron fotografías desde detrás de una valla de cemento con alambre en la parte superior, custodiada por policías, durante todo el trayecto que se retransmitió en directo en la televisión nacional. El pontífice miraba continuamente a izquierda y derecha, sonriendo y saludando con la mano.

El gobierno declaró feriados nacionales los días que dure su visita, que se extenderá hasta el lunes. El pontífice estará en la capital, Manila y el sábado volará a la provincia oriental de Leyte, donde tiene previsto reunirse con sobrevivientes del tifón Haiyan, que mató a miles de personas en 2013.

El cardenal Luis Antonio Tagle, arzobispo de Manila, dijo que esperaba que la aguardada visita de Francisco, el primer latinoamericano que dirige una iglesia católica con mil 200 millones de fieles, sea festiva e inspiradora espiritualmente y promueva la compasión en un momento en que el país sigue recuperándose de catástrofes letales recientes, incluso Haiyan.

"Es como una gran, gran, gran, gran fiesta nacional", dijo un sonriente Tagleen una entrevista en la víspera de la llegada del papa. La visita, dijo, "llega en un punto en que la gente podría verse ayudada por un impulso moral y espiritual de alguien que de verdad se preocupa".

Francisco se reunirá el viernes con el presidente Aquino, que ha impulsado una campaña contra la pobreza — un tema cercano al papa — pero ha chocado con los líderes católicos por la ley de reproducción que promueve la utilización de métodos anticonceptivos artificiales. El Congreso, dominado por partidarios de Aquino, aprobó la norma en 2012.

También hay previstas reuniones con familias Filipinas, líderes de la iglesia católica y jóvenes.

En su visita a Sri Lanka, Francisco viajó a las selvas del norte devastadas por los conflictos armados en una muestra de solidaridad con las víctimas de la guerra civil librada en el país durante 25 años, instando a la gente a perdonar a los otros "del mal que esta tierra ha conocido".

"Es muy importante mantener nuestro país en paz y nuestra fortaleza religiosa crecerá tras esta visita", dijo Sumith Periera, un ingenio que acudió a ver la marcha de Francisco.

La llegada del papa supone importantes desafíos de seguridad para las autoridades filipinas, incluso una misa al aire libre que se celebrará el domingo en un histórico parque de Manila y que podría congregar a la cifra récord de seis millones de fieles.

Se han desplegado unos 50.000 soldados y policías para proteger al papa en un país que cuenta con un número relativamente pequeño de insurgentes inspirados en al-Qaida que siguen siendo una amenaza en el sur a pesar de más de una década de ofensivas militares respaldadas por Estados Unidos.

Los colonos españoles llevaron el cristianismo al archipiélago en el siglo XVI y hoy en día un poco más del 80% de los 100 millones de filipinos son católicos. El resto de cristianos suponen cerca del 12% y los musulmanes representan el 5,6% de la población, especialmente en el sur.

FOTO Y TEXTO: AP