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12 de febrero de 2016 / 06:16 p.m.

Monterrey.-El Papa Francisco y el patriarca ortodoxo de Moscú, Cirilo I, se dieron hoy un histórico abrazo en la sala presidencial del aeropuerto José Martí de la Habana, en el primer encuentro entre un pontífice romano y un patriarca ruso.
“Es claro que esto es la voluntad de Dios”, dijo el jefe de la Iglesia Católica al inicio de la reunión con el líder ortodoxo, quien respondió: “ahora las cosas son más fáciles”.

Poco después de las 14:00 horas, el avión papal procedente de Roma aterrizó en el aeropuerto cubano y se estacionó justo frente al salón de la cita. A pocos metros se encontraba la aeronave del patriarca.

Al pie de la escalerilla del avión, Jorge Mario Bergoglio fue recibido por el presidente de Cuba, Raúl Castro, quien estuvo acompañado por diversas autoridades civiles y religiosas, entre ellos el nuncio apostólico en la isla, Giorgio Lingua.

Tras los saludos protocolarios y un abrazo, Castro y Francisco caminaron menos de 100 metros hasta ingresar a una de las salas del protocolo.

Exactamente a las 14:26 horas, el Papa y el patriarca se dieron un amistoso saludo casi enceguecidos por los flashes de los numerosos fotógrafos presentes. Tras intercambiar un breve saludo, Cirilo I invitó al obispo de Roma a sentarse en unas sillas.

Detrás de ellas estaban las banderas del Vaticano y del Patriarcado Ortodoxo. Cirilo I estaba enfundado en una vestimenta negra y blanca, mientras Francisco vestía la tradicional sotana blanca.

Junto al patriarca se sentó un traductor del ruso al español y el metropolitano Hilarión, responsable del Departamento de Relaciones Eclesiásticas del Patriarcado.

A un lado del líder católico se ubicó el cardenal Kurt Koch, presidente del Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos del Vaticano, y otro traductor.

Un poco retraídos, ambos líderes religiosos intercambiaron algunas palabras mientras los fotógrafos inmortalizaban la escena. “Finalmente”, dijo Francisco y utilizó la palabra “hermano” al menos en cuatro ocasiones, también señaló “somos hermanos”.

A un lado del Papa estaban sus regalos para el patriarca: un estuche con una reliquia de San Cirilo y un cáliz. El patriarca decidió obsequiar una pequeña copia de la Virgen de Kazan. Ese momento duró unos cuatro minutos.