NOTIMEX
3 de junio de 2016 / 06:01 p.m.

Ciudad del Vaticano.- El Papa Francisco instó hoy a más de 100 jueces y fiscales del mundo, entre ellos varios mexicanos, a “sentirse y proclamarse” libres de las “telarañas de la corrupción” que les impiden cumplir su labor.

El pontífice realizó sus señalamientos al final del primer día de trabajos de un coloquio sobre trata de personas y delincuencia organizada, que se lleva a cabo en la sede de la Pontificia Academia para las Ciencias Sociales, ubicada en el corazón del Vaticano.

Advirtió que las penas sin esperanza para los delincuentes “son una tortura”, y urgió a rehabilitar y reinsertar a las víctimas sometidas a explotación sexual.

Aseguró que ya no funciona el “viejo adagio de la ilustración”, según el cual la Iglesia no debe involucrarse en política.

“La Iglesia debe meterse en la gran política”, indicó el Papa en medio de los aplausos de los presentes.

Llamó a los jueces y fiscales a hacerse responsables de su propia vocación, “sintiéndose y proclamándose jueces y fiscales libres de las presiones de los gobiernos; de las instituciones privadas y, naturalmente, libres de las ‘estructuras de pecado', en particular del crimen organizado”.

“Yo sé que ustedes sufren presiones; sufren amenazas de todo tipo, y sé que hoy día ser juez, ser fiscal es ‘arriesgar el pellejo', y eso merece un reconocimiento a la valentía de aquellos que quieren seguir siendo libres en el ejercicio de su función jurídica”, subrayó.

Apuntó que, sin esa libertad, el poder judicial de una nación, “se corrompe y siembra corrupción”. Entonces, citó como ejemplo la figura de justicia con los ojos vendados, a la cual se le va cayendo la venda y le tapa la boca.

“Sin duda, uno de los más grandes problemas sociales del mundo de hoy: es la corrupción a todos los niveles, la cual debilita cualquier gobierno, la democracia participativa y la actividad de justicia”, abundó Francisco.

“A ustedes, jueces, corresponde hacer justicia y les pido especial atención en hacer justicia en el campo de la trata y el tráfico de personas y, frente a esto y al crimen organizado, les pido que se defiendan de caer en la telaraña de las corrupciones”, insistió.

El Papa afirmó que las víctimas de trata muchas veces son traicionadas hasta lo más íntimo y sagrado de su persona, es decir, en el amor que ellas aspiran a dar y tener, y que su familia les debe o que les prometen sus pretendientes o maridos, quienes en cambio acaban vendiéndolas en el mercado del trabajo forzado, de la prostitución o de la venta de órganos.

Por eso, subrayó que los jueces están llamados más que nunca a poner gran atención en las necesidades de las víctimas, ya que ellas son las primeras que deben ser rehabilitadas y reintegradas en la sociedad y por ellas se debe perseguir sin cuartel a los traficantes y verdugos.

“No vale el dicho: son cosas que existen desde que el mundo es mundo. Las víctimas pueden cambiar y de hecho sabemos que cambian de vida con la ayuda de buenos jueces, de las personas que las asisten y de toda la sociedad toda”, continuó.

Para lograr un combate eficaz contra la trata, dijo, es obligatorio generar un movimiento transversal, una “buena onda” que abrace la sociedad toda desde arriba para abajo y viceversa, desde la periferia al centro y al revés, señaló el Papa.

“La realización de ello requiere que los jueces tomen plena conciencia de este desafío; que sientan la importancia de su responsabilidad ante la sociedad; que compartan sus experiencias y buenas prácticas”.

Además, “que actúen juntos para abrir brechas y nuevos caminos de justicia en beneficio de la promoción de la dignidad humana, la libertad, la responsabilidad, la felicidad y, en definitiva, la paz”, sentenció el pontífice.