1 de febrero de 2015 / 02:22 p.m.

 

Tanto que se habla de la importancia de encontrar el quarterback ideal, pero adquirir a Marshawn Lynch al promediar la temporada de 2010 es tal vez la transacción más vital que Pete Carroll concretó al armar a los Seahawks de Seattle.

Lynch no sólo aportó su talento como running back. Su actitud contagió a todo el equipo.

"De cierta forma me gusta su personalidad", dijo el gerente de los Seattle John Schneider.

Resulta difícil de creer que el Súper Bowl del próximo domingo, frente a Nueva Inglaterra, podría ser el último partido del "Beast Mode" en Seattle. Que nadie regará Skittles otra vez. Que será el fin de sus ruedas de prensa en la que sólo balbuceaba la misma frase una y otra vez.

Los Seahawks y Lynch deberán tomar una decisión al término de la temporada. Lynch podría irse o permanecer para cumplir el último de su contrato con Seattle.

Si Lynch regresa bajo los términos de su actual contrato, Seattle deberá pagar 8,5 millones de dólares, una cantidad que es inusual para un running back con 29 años de edad.

Seattle podría reestructurar o extender el contrato de Lynch para aminorar el golpe al tope salarial. También podrían decidir que es hora de darle minutos a los suplentes Robert Turbin y Christine Michael.

Lynch quizás opte por lo que se conjeturado durante el último año: retirarse del fútbol americano.

Los fanáticos de los Seahawks desean que Lynch siga con el equipo. Le adoran por su tenacidad, por su estilo de acarrear el balón con la consigna que nadie podrá frenarle.

Eso es el "Beast Mode", un temperamento que nunca se había visto en Seattle.

"Es un animal. Es toda su personalidad", indicó el safety de Seattle Earl Thomas. "Es un hombre (entre) niños".

Se puede argumentar que la de 2014 fue la mejor temporada de Lynch en su carrera, una que empezó con dudas sobre sus funciones.

Los técnicos de Seattle deslizaron en la pretemporada que Turbin y Michael podrían tener más responsabilidad en la ofensiva, y Lynch se tardó una semana para presentarse a los entrenamientos.

Pero una vez Lynch se puso a jugar, su importancia fue notoria. Acarreó más yardas que hace dos temporadas, pero la actual campaña confirmó que Lynch es mucho más que alguien que toma el balón y corre.

Los 17 touchdowns de Lynch en la temporada regular, incluyendo cuatro pases de anotación atrapados, fijaron un récord personal. Atrapó 37 pases para un máximo de 367 yardas avanzadas en su carrera, convirtiéndose en la opción con más garantías para recibir los envíos del mariscal de campo Russell Wilson. También es muy eficiente a la hora de bloquear en las jugadas de pase.

"El elemento que aporta a nuestra ofensiva es su versatilidad", dijo Wilson. "Creo que la gente subestima su habilidad para atrapar el balón, su habilidad para bloquear, su habilidad para correr tras el contacto... No creo que exista otro jugador como él en cuanto a la posición de running back".

Esa es sola una faceta de Lynch. Donde su aporte pasa más inadvertido, y posiblemente el que más se le valora, es su capacidad de sacar ganancia en jugadas que parecían malogradas.

La clase de jugador que supera tacleadas y consigue una ganancia de tres yardas de lo que debió haber sido una pérdida de tres yardas. Es algo que otros intentan emular, pero no logran calcar.

De las 1.306 yardas que Lynch consiguió esta temporada en acarreos, 771 fueron tras el primer contacto, según STATS. Esa fue la segunda cifra más alta en la liga. Pero Lynch promedió 2,8 yardas tras un contacto por intento, situándose al frente de los running backs de la liga en ese rubro.

En cada una de sus cuatro temporadas en Seattle, Lynch ha logrado superar las 600 yardas tras el primer golpe de un defensor. Y su total en 2014 fue el máximo de su carrera.

En el partido por el título de la NFC el pasado domingo, las 157 yardas de Lynch por tierra pasaron inadvertidas debido a la sensacional remontada de Seattle contra los Packers. Quedó como uno de los cinco running backs en las últimas cinco campañas en conseguir más de 150 yardas en acarreos en un juego de postemporada.

Si Lynch vuelve en 2015, su desafío será evitar el declive que suele afectar a los running backs que se acercan a los 30 años. Sólo 18 corredores en la historia de la NFL han superado las 1.300 yardas en avances por tierra en una campaña tras cumplir los 29 años.

Pero Lynch es una especie distinta de running back.

"Es por lejos el mejor back de la liga", dijo el defensive tackle de Nueva Inglaterra Vince Wilfork. "Te puede hacer daño cada vez que tiene la pelota en sus manos".

AGENCIAS