2 de abril de 2014 / 07:12 p.m.

NYAL, Sudán del Sur.- Aldeanos desesperados que huyeron de la violencia en muchas partes del país, están comiendo hierbas y raíces para sobrevivir, mientras que el Programa Mundial de Alimentos inició costosos operáticos de descarga aérea de comida en partes del norte de la nación africana.

Pero las descargas aéreas, tres veces más costosas que las entregas por tierra, son selectivas porque sólo se ha recaudado una tercera parte de los 1.270 millones de dólares solicitados por la Organización de las Naciones Unidas para hacer frente a la crisis.

Ertharin Cousin, directora ejecutiva del WFP, visitó el martes Nyal antes de dirigirse el miércoles a Gambela, en la frontera etíope, un poblado abrumado por casi 70 mil refugiados que huyeron de la violencia que inició en diciembre.

Un enorme avión Ilyushin comenzó a lanzar más de 30 toneladas de alimento en los estados del norte. Cada descarga, que proporciona al menos 15 días de raciones para 18 mil personas, tiene el objetivo de ayudar a quienes están atrapados en el enfrentamiento entre tropas gubernamentales y antigubernamentales.

Debido a las lluvias que se aproximan, "en pocas semanas esta área será totalmente inaccesible por carretera, así que para poder seguir alimentando a esta gente necesitamos tener ya la comida aquí, y la única manera es por aire", indicó Cousin.

Más de 25 mil aldeanos que han huido de los combates en el estado Unidad, rico en petróleo, esperaban pacientemente en Nyal mientras el WFP y otras organizaciones como World Vision distribuían productos básicos como cereales, granos y aceite para cocinar.

Aproximadamente 7 millones de personas están en riesgo de hambruna, según la Organización de Alimentos y Agricultura. La ONU reporta que en los 100 días desde que comenzó el conflicto en Sudán del Sur, más de un millón de personas han huido de sus viviendas y 3,7 millones están ahora en riesgo de inseguridad alimentaria.

La comunidad internacional tiene una responsabilidad moral de ayudar, dijo el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, Antonio Guterres, quien también viajó con Cousin a Nyal.

"Una familia me dijo que estaban hirviendo raíces venenosas durante seis o siete días para quitarles el veneno y poder tener algo para comer", comentó. "Ésta gente está en riego de inanición", agregó.

AP