11 de julio de 2013 / 01:24 p.m.

México• El golpe fue seco, en la cabeza. Ese pedazo de concreto se estrelló con una fuerza para tumbar a cualquiera, pero no a Dulce Patricia Dueñas Fragoso, quien se resistió a caer pese al traumatismo craneoencefálico y los esguinces cervical y lumbar que sufrió.

Ella quedó en la vanguardia de la división de la Policía Federal que —a las órdenes del comandante Espartaco— desalojó a maestros de la Coordinadora Estatal de Trabajadores de Guerrero que bloqueaban la Autopista del Sol.

Sin arma alguna, solo con el equipo básico, su escudo y entrenamiento, resistió en “primera fila” la furia de los desalojados, tras una infructuosa negociación con la que autoridades intentaron evitar la violencia.

Aquel 5 de abril el jefe Espartaco comandaba un grupo de la División de Fuerzas Federales en Chilpancingo con la misión de reabrir la circulación en la carretera México-Acapulco.Todo indicaba que las pláticas darían resultado y que no habría un estallido.

De pronto, sobre los federales cayeron botellas, piedras, “resorterazos”, tubos, lo que pudiera causarles daño. Dulce Patricia se protegió con su escudo, pero por el flanco que dejó descubierto entró un trozo de concreto que la golpeó en la cabeza, afortunadamente su casco evitó que las lesiones fueran aún más graves.

“Lo menos que quería era caerme, sabía que debía mantenerme en pie, cumplir con mi tarea, y aunque resulte difícil de creer garantizar los derechos humanos de los manifestantes”, narra a MILENIO esta madre soltera que mañana recibirá la Medalla al Mérito Policial de manos del presidente de la República, Enrique Peña Nieto.

La condecoración se entregará a 10 elementos de diferentes divisiones durante la ceremonia conmemorativa por el 85 aniversario de la creación de la Policía Federal en la que se develará un monumento.

HONOR Y ORGULLO

Dulce Patricia luce a primera vista como una joven reservada. Tiene un hijo de nueve años que está orgulloso de ella al igual que toda su familia.

Ingresó en 2010 a la Coordinación de Reestablecimiento del Orden Público de la División de Fuerzas Federales, y tiene el grado de policía tercero.

Conforme avanza la entrevista se relaja y asegura que el honor, la valentía y el respeto a los derechos humanos caracterizan a un buen policía federal.

También suelta su emoción por la medalla que le entregará el Presidente de la República y el apoyo que reciben las mujeres por parte del Comisionado Nacional de Seguridad, Manuel Mondragón.

Señala que el 5 de abril llegaron hasta donde los maestros habían tomado la Autopista del Sol y que éstos se encontraban tranquilos, por eso solo tomaron la formación en fila, “apegados a derechos humanos como lo hacemos siempre”.

Sin embargo, asegura que personas ajenas comenzaron a lanzar objetos contra los federales.

“Al entrar a replegar a la gente yo quedé hasta adelante, nos aventaban todo tipo de cosas, canicas con resorteras, tubos, piedras, tenía mi escudo, cuando me iba a caer un tubo me cubrí de un costado, pero por el otro me cayó un trozo de concreto en la cabeza.”

El casco evitó una lesión más seria en la cabeza, aunque no fue así en el cuello y la columna. Permaneció hospitalizada y fuera de cualquier actividad profesional por más de un mes.

“No perdí el conocimiento, sentí el golpe, pero mi intención fue no tirarme al piso, aunque sí fue un dolor muy fuerte, yo pensaba que si me tiraba al piso ahí me iban a agarrar los maestros, aguanté lo más que pude, luego se replegó la gente, se terminó todo, todavía dimos vialidad a los autos, soporté unos 15 minutos.”

De regreso al cuartel “me habló una compañera para preguntarme cómo me encontraba, ella estaba atrás y vio cómo me pegaba el pedazo de concreto en la cabeza, le dije que estaba bien, pero cuando quise voltear a verla ya no me pude mover”.

En el hospital del ISSSTE la situación no mejoró. “Había muchísima gente adentro, me iban a preparar para rayos X y de repente, cuando yo estaba acostada en la camilla escuché mucho ruido, le pregunté a las enfermeras qué que pasaba y me dijeron que se querían meter los maestros”.

Al mismo hospital llevaron a los maestros que también quedaron heridos y que estaban detenidos, “supongo que ellos querían rescatar a sus compañeros, por seguridad nos tuvieron que sacar de ahí”.

—Por fortuna ya te recuperaste, quedan secuelas, tienes miedo de regresar a los operativos.

—Miedo no tengo, no me doy por vencida nunca y mientras pueda y mi cuerpo aguante. por supuesto que lo voy a hacer, es un honor y orgullo servir a mi país.

IGNACIO ALZAGA