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4 de junio de 2017 / 06:24 a.m.

CIUDAD DEL VATICANO.- Tras celebrar la misa de Pentecostés, ante miles de personas congregadas en la Plaza de San Pedro, el Papa clamó por paz en el mundo y lamentó el atentado terrorista perpetrado la noche del sábado en ciudad de Londres.

“El espíritu done paz al mundo entero, cure las llagas de la guerra y del terrorismo que también esta madrugada, en Londres, golpeó a civiles inocentes: rezamos por las víctimas y los familiares”, dijo.

Francisco pronunció estas palabras tras bendecir a la multitud con la oración dominical del “Regina Coeli” (Reina del Cielo) y luego de celebrar, desde el atrio de la basílica vaticana, la misa por la fiesta de Pentecostés.

En su sermón, el pontífice advirtió contra dos tentaciones que se viven en la Iglesia, la primera de ellas es “buscar la diversidad sin unidad” y que ocurre, dijo, cuando los católicos buscan destacarse, formar “bandos y partidos”, o se endurecen en sus “planteamientos excluyentes”.

Es el peligro, agregó, de encerrarse en los propios particularismos, quizás considerándose mejores a los demás o aquellos que tienen siempre la razón.

“Entonces se escoge la parte, no el todo, el pertenecer a esto o a aquello antes que a la Iglesia; nos convertimos en unos ‘seguidores’ partidistas en lugar de hermanos y hermanas en el mismo espíritu”, precisó.

“(Pretendemos ser) cristianos de ‘derechas o de izquierdas’ antes que de Jesús; guardianes inflexibles del pasado o vanguardistas del futuro antes que hijos humildes y agradecidos de la Iglesia. Así se produce una diversidad sin unidad”, añadió.

Estableció que la tentación contraria es la de “buscar la unidad sin diversidad”, pero así –explicó- la unidad se convierte en uniformidad, en la obligación de hacer todo juntos y todo igual, pensando todos de la misma manera, pero así la unidad acaba siendo una homologación donde ya no hay libertad.

Jorge Mario Bergoglio instó a los fieles a aceptar la unidad propia del espíritu santo, una “mirada que abraza y ama, más allá de las preferencias personales, a la Iglesia.

Por eso, llamó a todos a trabajar por la unidad, desterrando las murmuraciones que siembran cizaña y las envidias que envenenan, porque “ser hombres y mujeres de la Iglesia significa ser hombres y mujeres de comunión”.


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