1 de mayo de 2013 / 11:53 a.m.

México • Barack Obama vendrá a México a 100 días de iniciado su segundo mandato, de la misma forma que en 2009 vino a México a casi 100 días de haber iniciado su primer periodo como presidente de Estados Unidos. Hoy la situación en ambos países, no obstante, dista mucho de ser comparable con la de hace cuatro años.

La recesión en Estados Unidos, posterior a la crisis financiera de 2008, presentaba una tasa de desempleo en 8.7 por ciento en marzo de 2009 y se habían perdido 539 mil empleos (la tasa es de 7.6 por ciento en marzo de 2013, creándose 88 mil empleos), aunque la popularidad de Obama era de 62 por ciento (hoy es de 49 por ciento, de acuerdo con Gallup), gracias al efecto luna de miel. En 2009, la agenda no se debía centrar en la economía mundial en general, ni en la norteamericana en particular. Así, los presidentes Calderón y Obama hablaron de seguridad, la Iniciativa Mérida y la cooperación transnacional en el desmantelamiento de los cárteles del narcotráfico, incluyendo el tráfico de armas. El escándalo de Rápido y furioso se daría a conocer hasta dos años después de la reunión bilateral.

La creciente violencia y las elecciones intermedias marcaban la agenda local en México en abril de 2009. Felipe Calderón gozaba de una aprobación alrededor de 66 por ciento (la más alta de su sexenio, de acuerdo con Consulta-Mitofsky), por lo que su gobierno se centraría en la seguridad como el tema principal, aunque eventualmente el PRI ganaría la gubernatura en Campeche, Colima, Nuevo León, Querétaro y San Luis Potosí (el PAN sólo en Sonora), y consolidaría la mayoría relativa en la Cámara de Diputados gracias al efecto de la caída en la popularidad del Presidente en elecciones intermedias. La pandemia de la influenza se desataría una semana después de la reunión bilateral. Enrique Peña gobernaba el Estado de México.

Para la reunión bilateral de los próximos días, las expectativas de los medios de comunicación son mixtas: mientras que los medios en México mencionan a la seguridad, los Derechos Humanos y la revisión de Iniciativa Mérida, los medios en Estados Unidos dedicaron poco tiempo al análisis (en la conferencia de prensa de Obama del 30 de abril sólo la última pregunta fue sobre su visita a México). Solo el Washington Post publicó esta semana un artículo sobre la venta de drones (aviones no tripulados) a México para ayudar el combate al crimen organizado —tema aclarado en México en marzo de 2011, pero retomado con la finalidad de reinsertar el tema de seguridad en la agenda. Por su parte, Human Rights Watch y Amnistía Internacional “surfean la ola” de exigencias en Derechos Humanos, aprovechando la posible revisión de Iniciativa Mérida.

Se dice que la política exterior es, simultáneamente, política interna. Los equipos de Peña y Obama insisten en la relación económica y la alianza comercial como temas centrales de la reunión bilateral de 2013, aunque, uno de los temas que puede lograr consenso será el avance de la reforma migratoria en el Congreso norteamericano. Hace cuatro años, Calderón y Obama hablaron de Iniciativa Mérida, de que 90 por ciento de las armas relacionadas con la violencia de los cárteles provenía de Estados Unidos y de la importancia de la relación bilateral para atacar al crimen organizado transnacional. Hoy, como hace cuatro años, las discusiones a evitar en la política interior no serán parte de la política exterior.

El gobierno de Barack Obama está enfocado en impulsar la reforma migratoria, más aún después de sufrir una amarga derrota en la aprobación de controles de armas, creyendo haber generado el apoyo en la opinión pública y la masa crítica en el Senado solo tres meses después de la masacre en Newtown, CT. Asimismo, Boston, Siria y hasta Benghazi se encuentran en la discusión de la opinión pública norteamericana con miras a las elecciones intermedias del próximo año, que definirán mayorías en ambas cámaras. En la cena de corresponsales de la Casa Blanca la semana pasada, Barack Obama invitó a los republicanos a entablar el diálogo con las minorías, empezando por él mismo.

Por su parte, el gobierno de Enrique Peña se encuentra en medio de situaciones críticas cuyo desenlace podría definir, al menos, la primera mitad de su mandato: la respuesta de los gobiernos estatal y federal a los conflictos magisteriales de Guerrero y Michoacán, la toma de Rectoría por parte de supuestos alumnos del CCH y, más que nada, el escándalo político en Veracruz que, de acuerdo con los partidos de oposición, involucra a integrantes de su gabinete, condicionando la vigencia del Pacto por México (instrumento esencial para el avance de la agenda política del propio Presidente Peña) y posponiendo la presentación de la reforma fiscal hasta nuevo aviso.

Históricamente, la agenda bilateral apenas ha sido modificada, mucho menos definida, por la coyuntura mexicana. Si hoy existe la posibilidad de que se hable sobre la reforma migratoria en Estados Unidos es porque la mayoría republicana en el Congreso ha calculado el cambio demográfico como una de las razones por las que su candidato fue derrotado en la elección presidencial del año pasado.

Si bien el presidente Peña continuará la estrategia de enfatizar su agenda del gobierno alrededor de las reformas estructurales y lejos de la discusión de seguridad, parece que no lo podrá hacer por mucho tiempo. De hecho, minimizar a la seguridad de la agenda bilateral no necesariamente es una buena noticia para México, puesto que prescindir de la ayuda de las autoridades norteamericanas, dadas las inercias de violencia evidenciadas hasta el momento, puede resultar arriesgado para disminuir la violencia en México en menos de un año, uno de los objetivos del gobierno mexicano.

Mientras tanto, Barack Obama cumplirá, como hace cuatro años, con una visita de protocolo en la que voltea a los orígenes, y toma en cuenta a los paisanos del electorado hispano y latino en su país, al mismo tiempo que incrementa la opinión favorable de Estados Unidos en México (52 por ciento en 2011 a 66 por ciento en 2013, de acuerdo con Pew Research Center) pero, sobre todo, gana tiempo para solucionar los pendientes en casa.

LUIS ESTRADA