3 de abril de 2014 / 04:36 p.m.

Jorge Mario Bergoglio arribó a las 14:44 horas local (12:44 GMT), se esperaba que la delegación británica hiciese lo propio 16 minutos después, pero esta se atrasó e hizo su ingreso a las 15:23 (13:23 GMT), unos 23 minutos tarde.

 

Ciudad del Vaticano.- Un total de 17 minutos duró hoy el diálogo en privado entre el Papa Francisco y la Reina Isabel II, en un estudio ubicado en la parte posterior del complejo Aula Pablo VI, ubicado El Vaticano.

Totalmente informal y “ajeno al protocolo” fue el encuentro entre ambos, donde intercambiaron algunos puntos de vista con la ayuda de un intérprete, antes de pasar a un intercambio de regalos.

Ambos llegaron a la cita caminando, el pontífice desde su residencia en la Casa de Santa Marta y la soberana a bordo de su coche oficial, que la dejó a unos 50 metros del ingreso del salón donde tuvo lugar el encuentro.

Jorge Mario Bergoglio arribó a las 14:44 horas local (12:44 GMT), se esperaba que la delegación británica hiciese lo propio 16 minutos después, pero esta se atrasó e hizo su ingreso a las 15:23 (13:23 GMT), unos 23 minutos tarde.

El auto oficial dejó a la Reina a unos 50 metros de distancia del ingreso. Ella bajó y acompañada por su esposo, Felipe duque de Edimburgo, se dirigió hasta el salón en cuya puerta la recibió el “número dos” del Vaticano, el secretario de Estado, Pietro Parolin.

Tras saludar a un grupo de diplomáticos, ya dentro fue recibida por el Papa, quien en inglés le dijo “¡bienvenida!”; ella respondió: “Perdón por haberle hecho esperar, pero estábamos en un placentero almuerzo con el presidente de la República”.

Se refirió así a la comida que compartió con Giorgio Napolitano, en el Palacio del Quirinal de Roma. Inmediatamente después ingresaron al estudio, primero la soberana, después el pontífice y por último el duque.

Pasados los 17 minutos se pasó a un intercambio de regalos. Isabel ofreció al Papa una cesta con alimentos producidos en sus diferentes casas de campo, incluida Buckingham Palace, Sandringham, Balmoral y Fortnum & Mason.

“Le trajimos algo de nuestras huertas, es un regalo personal”, dijo la Reina mientras le mostraba jamón, carne para bistec, conservas y jugos de diversas frutas. “Esta es miel de mi jardín, que será algo insólito para ustedes”, agregó.

“Esto es para el bisnieto”, dijo el Papa cuando le entregó una cruz de plata montada sobre un globo realizado en lapislázuli azul. Se refería al pequeño George, el hijo de Kate y William. “Se pondrá muy contento, pero lo usará cuando crezca”, respondió ella.

El líder católico también le obsequió un facsímil de un documento eclesiástico referido a Eduardo “el confesor”, rey de Inglaterra y santo de la Iglesia, y tres medallas, una de oro, una de plata y una de bronce.

Tras la foto de grupo ambos se acercaron a la puerta para despedirse. La soberana regresó caminando a su auto en el cual abandonó El Vaticano.

La Santa Sede no dio a conocer detalles sobre el diálogo privado entre dos, aunque su encuentro tuvo un bajísimo perfil y ninguna connotación política.

Notimex