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6 de julio de 2015 / 01:12 p.m.

Ecuador.- El papa Francisco llegó el lunes al gigantesco parque Samanes , en medio de una multitud profundamente emocionada que lo recibía con cánticos, flores y agitando banderas del Vaticano, de Guayaquil y de Ecuador.

La multitud, dividida en 30 bloques, algunos de los cuales lucían a media ocupación, se revolvía al paso del Papamóvil, desde donde Francisco saludaba, bendecía y prodigaba sonrisas a todos, que le devolvían los saludos ondeando banderas.

Agentes de policía e infantes de marina brindaban seguridad adicional al sumo pontífice. Los uniformados no dudaban en romper su propia misión para darse vuelta y tomar una fotografía a Francisco, que oficiará una misa campal en el lugar.

Poco antes estuvo en el Santuario de la Divina Misericordia, donde oró con cientos de enfermos oncológicos, ancianos y gente muy pobre con quienes bromeó al ofrecer no cobrar por su bendición.

"Antes de irme, les doy la bendición. No les voy a cobrar nada, pero les pido por favor que recen por mí, ¿me lo prometen?" y la gente respondió al papa con un sonoro ¡Sí!

A su arribo a Guayaquil el papa fue recibido en el aeropuerto de esa ciudad por el vicepresidente Jorge Glass, el canciller Ricardo Patiño y el alcalde Jaime Nebot, quien le entregó las llaves de la ciudad, una joya diseñada con un topacio, perlas oro y plata.

Algunos monaguillos que aguardaban en la pista se acercaron al Papa, quien aceptó tomarse unas fotografías con ellos.

Ecuador es la primera parada del papa en una gira que lo llevará también a Bolivia y Paraguay, tres de los países más pequeños y pobres de Sudamérica.

PAPA FRANCISCO
FOTO: AP

En Samanes, donde las autoridades estimaron la presencia de unas 700 mil personas, la sensación térmica llega a los 39 grados centígrados y los bomberos cada cierto tiempo lanzan agua sobre la multitud, algunos de los asistentes son atendidos por insolación, también hay niños perdidos y a través de los altoparlantes piden calma a la multitud.

Los feligreses se protegían con sombrillas y ropa ligera y blanca del calor y la humedad en Guayaquil.

En tanto miles de vendedores ambulantes de comida se ubicaron estratégicamente en el parque para, por un par de dólares, saciar el hambre de los feligreses.

Tras caminar 40 kilómetros, Vicente Huilcatoma, un policía retirado y chofer de transporte escolar de 47 años, llegó a Samanes la tarde del domingo para buscar un buen lugar para ver al papa.

"Estoy cansado, con hambre, no he dormido, pero también siento emoción y gozo en mi corazón. He llegado a la zona más cercana para ver a Francisco. Vine a pedir por la salud de mi esposa y mis hijas.

Ellas no pueden estar aquí conmigo", dijo mientras mostraba orgulloso una camiseta con la leyenda "Con Cristo, el corazón nunca envejece".

Guayaquil, ubicada a 270 kilómetros al suroeste de la capital y la más poblada del país con 2,5 millones de habitantes, no estaba en los planes iniciales de la visita de Francisco, quien alteró su agenda para encontrarse con los feligreses de esa ciudad.

PAPA FRANCISCO
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La edad no es impedimento para nada, repetía Guillermina Aveiga Dávila, una contadora jubilada de 90 años que llegó a Samanes en la madrugada del lunes desde su natal Chone, 185 kilómetros al suroeste de Quito.

"No uso silla de ruedas aún. Hago mi esfuerzo y camino... Veo todavía perfectamente gracias a los lentes, aunque estoy un poco sorda del oído izquierdo. Al papa le pediré que interceda para que Dios me dé más salud. Quiero llegar a los 100 años", añadió.

Después de la misa, el papa se dirigirá al colegio jesuita Javier donde cumplirá dos actividades privadas: se encontrará con un antiguo amigo, el español Francisco Cortez García más conocido como Padre Paquito, a quien no ve desde hace 30 años, y almorzará con un grupo de 20 sacerdotes jesuitas de todo el país.

Al final de la tarde regresará a Quito para completar la jornada con un encuentro privado con el presidente Rafael Correa y poco después visitará la Catedral, donde se espera que de un discurso.