8 de julio de 2014 / 08:09 p.m.

Tokio.- Moscú se acerca cada vez más a su viejo rival China. China se toma de la mano con Seúl. Tokio está cerrando acuerdos con Pyongyang.

En el cambiante juego de las alianzas en Asia, donde todos tienen un pleito por algo o pueden recordar alguna dura guerra con sus vecinos, los resentimientos son profundos; pero la conveniencia y el pragmatismo suelen ser mayores.

Aunque el presidente estadounidense Barack Obama trata de llevar su atención a la política asiática, la región está cambiando rápidamente hacia su propia dirección, impulsada por sus economías dinámicas y ampliando sus lazos comerciales en medio de un gran número de viejas disputas y rivalidades.

Es un hecho que los países más poderosos del mundo en el Pacífico siguen teniendo mucho peso, pero mientras luchan por tener una ventaja en la región más poblada del mundo las relaciones en Asia son fluidas. Muchos países, tanto en el centro del juego de poderes como fuera, tienen oportunidad de sacar provecho y el riesgo de quedar congelados.

Washington siempre ha podido aprovechar los pleitos de la Guerra Fría entre Rusia y China, pero Dmitry Trenin, el director del Carnegie Moscow Center, escribió recientemente que ambos están construyendo una nueva relación que seguramente será importante. La tendencia se ha acelerado en parte por la frustración de Moscú ante las sanciones de occidente por Ucrania.

"No tienen una alianza clara, y tienen varios intereses divergentes, incluso parcialmente contrarios, pero ambos retan el orden mundial en el que Estados Unidos establece las reglas y es el único árbitro", escribió Trenin. "Los chinos lo hacen de una manera mucho más sutil que los rusos, pero ambos parecen haber llegado a la conclusión de que avanzar en el sistema dominado por Estados Unidos no vale la pena".

Trenin señaló que las relaciones de Estados Unidos con China y Rusia son bastante peores que las relacione bilaterales entre Beijing y Moscú. Dijo que se debe en parte a que Washington no ha sabido ver en Rusia a un actor estratégico en la región. Beijing, por su parte, podría tener acceso a más recursos y un frente más seguro en el norte.

"La posición singular que tuvo Estados Unidos desde la década de 1990 como la potencia dominante en la región de Eurasia ha quedado en el pasado", dijo Trenin.

¿Por qué el presidente chino, quien podría ser considerado un aliado de Korea del Norte, le daría la espalda a Kim Jong Un para ir a Seúl a cortejar a su archirrival, la presidenta sudcoreana Park Geun-hye? Eso fue lo que pasó la semana pasada y sorprendió a muchos.

Los avances de China en Corea del Sur, incluyendo la visita a Seúl, cumplen sus ambiciones de crear una red de alianzas centrada en China que deja de lado a Estados Unidos y Japón, dijo Willy Lam, profesor de ciencias políticas en la Universidad China de Hong Kong. Lam agregó que China ya es el primer socio comercial de Corea del Sur.

Beijing también trata de demostrarle a Corea del Sur que China es la solución para la crisis con Corea del Norte, dijo Christopher Johnson, un ex analista de China para la CIA que es director de los estudios chinos en el centro de especialistas estadounidenses Center for Strategic and International Studies.

"Obviamente, (los sudcoreanos) nunca van a salirse de su alianza con Estados Unidos", dijo, aunque agregó que China ha tratado de "convencer al sur que ellos y no la alianza con Estados Unidos y Japón son la clave para el problema entre Seúl y Corea del Norte".

Y este argumento resulta cada vez más convincente a medida que el fortalecimiento de China ha cambiado indiscutiblemente la ecuación del poder en Asia. Si lo vemos de esta manera, dijo Johnson, la decisión de Beijing de preferir a Seúl sobre Pyongyang es totalmente lógica en el plano estratégico.

"Diferentes tácticas y diferentes manejos de socios diferentes", dijo Johnson.

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