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3 de febrero de 2016 / 07:25 a.m.

Washington.-El precandidato presidencial republicano Ted Cruz, quien triunfó en la asamblea electoral de Iowa la noche del lunes, ha mantenido a lo largo de su vida política una relación antagónica en asuntos concernientes a México y a los mexicanos.

Cruz era un joven abogado de 35 años que trabajaba para la Oficina del Procurador de Texas, cuando en 2005 protagonizó su primera pugna con México, al combatir con éxito las apelaciones del mexicano José Ernesto Medellín para la revisión de su sentencia a muerte por el homicidio de dos adolescentes, en Houston, en 1993.

Medellín era uno de los 51 mexicanos amparados bajo el fallo de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya, que en 2004 ordenó a Estados Unidos revisar sus casos, ya que en sus detenciones y juicios se les violaron sus garantías al no informarles de su derecho a recibir asistencia consular de su país.

Tras el fallo de la CIJ, el entonces presidente George W. Bush pidió en febrero de 2005 a los gobiernos de las entidades estadunidenses con mexicanos condenados a muerte, celebrar audiencias para revisar cada uno de los 51 casos incluidos en el fallo.

Cruz, representando a Texas, encabezó la oposición a dicha revisión, al argumentar que la petición del presidente Bush “excedía los límites constitucionales de la autoridad federal”.

El caso llegó hasta la Suprema Corte de Justicia de Estados Unidos, que en marzo de 2008 determinó que Texas no estaba obligado a acatar la orden de Bush para revisar los procesos de mexicanos condenados a muerte. Medellín fue ejecutado por Texas el 5 de agosto de 2008.

Cruz ha hecho en reiteradas ocasiones referencias a su participación en este caso, señalando que ha sido el logro del que se sentía mas orgulloso.

El senador indicó entonces que de llegar a la Casa Blanca “la primera prioridad” será asegurar la frontera entre Estados Unidos y México, construyendo un muro que funcione, que impida los cruces ilegales, apoyado con tecnología y por agentes fronterizos.

México se ha opuesto siempre a la construcción de muros en la frontera, al argumentar que son medidas unilaterales que no contribuyen a fomentar el ánimo de cooperación que debe prevalecer en las relaciones bilaterales.

Cruz planea también triplicar el actual número de agentes de la Patrulla Fronteriza, lo que significaría la contratación de unos 40 mil agentes adicionales.

El senador considera además incrementar la vigilancia aérea de la frontera, con más aeronaves y helicópteros, y desplegar otras tecnologías para ubicar y detener el cruce de indocumentados.

En otra fase, su plan pondría fin a las acciones ejecutivas del presidente Barack Obama que han dado alivio migratorio a miles de indocumentados, e incrementaría las deportaciones y la política de detener a indocumentados y liberarlos bajo la orden de comparecer ante un juez de inmigración.

Además, ese proyecto vendría a poner fin a las políticas de las ciudades santuario, donde las policías locales no cuestionan el estatus migratorio de las personas y se niegan a colaborar con las autoridades migratorias.