7 de junio de 2013 / 02:03 p.m.

Mérida• El mejor auxilio para el presidente Enrique Peña Nieto fue una mujer bajita y rubicunda, vestida de blanco, que traducía de manera diligente todos los díálogos entre él y su homólogo de China, Xi Jinping.

Las costumbres mayas, que incluyen zarandear hojas de árboles con agua sobre la cabeza de los mandatarios, tomaron por sorpresa a los visitantes de China y miraron inquisitivamente a Peña Nieto.

“Dígales que es un ritual, que lo hacen para ahuyentar a los malos espíritus”, pidió el Presidente de México a la traductora.

Después de la explicación, la pareja china se miró más tranquila y se sonrió. Mientras, el sacerdote seguía frotando las ramas contra la camisa blanca del mandatario y la cabeza de su esposa, Peng Liyuan.

Esa fue solo la primera parte del recorrido que hicieran por la zona arqueológica de Chichén Itzá, en el municipio de Tinum, a 115 kilómetros de la ciudad de Mérida.

Con un calor que se acercaba a los 36 grados, que provocó que casi todos los presentes echaran mano de los abanicos y cualquier objeto para fabricar una brisa, el presidente Peña Nieto hizo las veces de guía de turistas.

A lo largo del recorrido que se efectuó en la pirámide de Kukulkán, el Templo de los Guerreros y una construcción del Juego de Pelota, el mexiquense recordaba datos sobre las construcciones, algunos siglos en las que fueron levantadas, los efectos que tienen éstas con el equinoccio y algunas de las tradiciones mexicanas.

Como parte de la explicación hecha por Peña Nieto destacó el dato de que el dios de los mayas es una serpiente emplumada y detalló lo que sucede en la pirámide durante la primavera.

El presidente Jinping se entusiamó y se detuvo frente a la pirámide, la observó detenidamente y exclamó: “Yo soy serpiente. En el año chino, ese soy yo”, y pidió de inmediato que uno de sus fotógrafos tomara una placa de él frente a la pirámide, con el sol cayendo a plomo.

Se trasladaron de un punto a otro en medio de una desorganización de las delegaciones chinas y mexicanas que no dieron oportunidad de tener tomas limpias en el recorrido, al grado que el presidente Xi Jinping hizo a un lado los protocolos y pidió espacio para que pudiera salir él solo con su mujer en la foto, con la pirámide de fondo.

Alrededor de los presidentes las delegaciones se mezclaban en desorden y parecía una romería.

La desorganización cundía, los reporteros y colaboradores chinos no lograron entenderse con los organizadores mexicanos, se hablaron a gritos en idiomas que ninguno de los dos entendió.

Confundieron las rutas, y por ello los asiáticos terminaron por invadir algunas de las representaciones escénicas que se montaron en la explanada y elementos del Estado Mayor Presidencial aparecieron en fotografías oficiales de los presidentes chinos.

Sin embargo, en medio del caos, la pareja presidencial proveniente de Pekín disfrutó el paseo según lo dicho por ellos mismos.

“Una gran cultura, el juego, no parece serlo, es algo difícil”, dijo la esposa del presidente chino a la secretaria de Turismo, Claudia Ruiz Massieu, quien esperó a que la traductora pudiera terminar el diálogo para hacer una afirmación con la cabeza y una sonrisa.

Había muchas conversaciones y pocos traductores, así que los diálogos se quedaron a medias o se limitaron a señas de admiración y afirmación. Conversaciones truncas, pero fotos completas.

MIRIAM CASTILLO