AP
7 de enero de 2016 / 08:13 p.m.

Bagdad.- Aunque muchos chiíes iraquíes salieron a las calles indignados por la muerte de un prominente sacerdote chií en Arabia Saudí, el primer ministro de Irak ha tenido que mostrar una postura más cautelosa en su intento por contener las tensiones sectarias en su país.

El asesinato del jeque Nimr al-Nimr ha acrecentado la división sectaria en la región. Irán, gobernado por chiíes, ha sido el crítico más sonoro, y los manifestantes allanaron misiones diplomáticas saudíes en territorio iraní el fin de semana. Eso provocó que Arabia Saudí, de gobierno suní, cortara sus relaciones diplomáticas con Irán, y los aliados del reino lo han respaldado, ya sea cortando vínculos o reduciendo sus relaciones con Teherán.

Sin embargo, el gobierno iraquí está esforzándose por mantener la paz ante el tumulto regional. Irán es un aliado clave del gobierno chií en Bagdad, lo ha ayudado en su combate al grupo Estado Islámico y apoya a las poderosas milicias chiíes en todo el país.

Al mismo tiempo, mientras el combate contra los extremistas del Estado Islámico entra a su segundo año, Irak lidia con su peor crisis política y de seguridad desde el retiro de las tropas estadounidenses en 2011. Apenas la semana pasada Arabia Saudí designó a un embajador a Bagdad por primera vez en 25 años para intentar mejorar sus relaciones con el gobierno iraquí.

En Washington, Brett McGurk, enviado especial del presidente de la Coalición Global para Contrarrestar al EI, dijo que el secretario de Estado norteamericano John Kerry pasó gran parte del lunes en conversaciones telefónicas en un intento por aliviar la tensión en la región.

"Alentamos una reducción de tensiones, porque siempre que hay polarización regional, aumento de tensiones regionales, obviamente puede provocar dificultades y abre el camino para que extremistas de todos lados aprovechen la situación", dijo McGurk el martes a la prensa.

En una muestra de la cautela del gobierno iraquí, el primer ministro Haider al-Abadi emitió un comunicado en el que lamentó la ejecución de al-Nimr y advirtió que ese tipo de acciones traerían "más destrucción y devastación".

Su oficina siguió con un llamado a la unidad entre los iraquíes. Las tensiones regionales se deben encarar "de manera sabia, responsable y racional para preservar la seguridad y estabilidad de Irak", de acuerdo a un comunicado de la oficina de al-Abadi.

Un día antes, miles de chiíes se reunieron a unos cientos de metros de su oficina para pedir que el gobierno rompa relaciones diplomáticas con Riad. Los manifestantes, seguidores del prominente sacerdote chií Muqtada al-Sadr corearon que la sangre de al-Nimr no fue derramada en vano y que la Armada Mahdi, la desbandada milicia chií de Sadr, vengaría su muerte en caso de ser necesario.

Eso hace referencia al mayor temor del gobierno: Que la disputa regional en torno a la ejecución de al-Nimr se transforme en nuevos actos de violencia entre los chiíes y los suníes en Irak.