AP
11 de mayo de 2015 / 09:25 a.m.

Vaticano.- En un clima cordial se desarrolló el domingo la audiencia privada en el Vaticano concedida por el papa Francisco al presidente cubano, Raúl Castro, que se extendió casi una hora. Ambos se dieron un largo apretón de manos al término del encuentro.

La visita está relacionada con el papel fundamental del pontífice en el histórico acercamiento entre Washington y La Habana, así como con la visita que realizará Francisco a la isla en septiembre en su viaje a Estados Unidos.

Tras la audiencia, el mandatario se declaró tan impresionado del papa que en conferencia de prensa dijo que seguramente "volveré a rezar y a la Iglesia".

"Él es un jesuita y yo, de alguna manera, también lo soy, siempre estuve en escuelas de jesuitas y conocí muy bien al sacerdote brasileño Frei Betto, teólogo de la teología de la liberación, y yo le decía: yo he escuchado más misas que tú", señaló.

"Cuando el Papa vaya a Cuba en septiembre, prometo que iré a todas sus misas y con satisfacción", manifestó en un encuentro junto al primer ministro italiano, Matteo Renzi, al final de una reunión.

Contó que tras la reunión con Francisco quedó "muy impresionado por su sabiduría, su modestia, y todas sus virtudes que conocemos que tiene".

"Yo leo todos los discursos del Papa, sus comentarios, y si el Papa sigue así, yo volveré a rezar y volveré a la Iglesia, y no lo digo por broma", manifestó.

"Yo soy del Partido Comunista Cubano, que no admitía creyentes, pero ahora lo estamos permitiendo, que es un paso importante", expresó.

En un comunicado, el Vaticano informó que el "muy cordial" encuentro duró más de 50 minutos. Agregó que Castro agradeció al Papa por su papel a favor de una mejor relación entre Cuba y Estados Unidos y manifestó "los sentimientos del pueblo cubano de espera y preparación por su próxima visita a la isla en septiembre".

Castro llegó a Roma procedente de Rusia, donde el sábado asistió a la celebración del 70mo aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial.

El mandatario le regaló al pontífice una medalla conmemorativa de la catedral de La Habana y un cuadro que representa una gran cruz hecha con los restos de embarcaciones hundidas, ante la cual hay un migrante orando.

El papa le ofreció su exhortación apostólica Evangelii Gaudium y una gran medalla que representa a San Martín, el santo húngaro del siglo IV que cubre al pobre con su capa.

Francisco dijo que le hacía este regalo con mucho gusto porque recuerda no solo el empeño de ayudar y proteger a los pobres, sino también de promover activamente la dignidad.