GUSTAVO MENDOZA
31 de julio de 2016 / 08:55 p.m.

SANTIAGO.- En octubre de 2006, la Villa de Santiago celebró la denominación de Pueblo Mágico, que la situaba como un referente para el turismo cultural de Nuevo León.

Pero a punto de cumplir una década de contar con este distintivo, el municipio no ha podido recuperar sus números de visitantes con respecto a los que tenía en 2008; mientras que las inversiones en infraestructura han sido cuestionadas por los altos presupuestos y la mala calidad de los trabajos.

El Programa de Trabajo 2016-2018 elaborado por el Comité Pueblo Mágico es claro al señalar que las debilidades del municipio se enfocan la deficiente calidad en la infraestructura y en las pocas atracciones para atender al turista.

Publicado en la biblioteca en línea del Consejo para el Manejo Integral de la Presa Rodrigo Gómez, el documento establece que el turismo va recuperándose poco a poco tras la drástica caída que experimentó a partir del 2009, a raíz de la inseguridad.

Niveles de paseantes

Los indicadores señalan que en 2008 Santiago registró la cifra más alta
de visitantes, llegando a los 40 mil. Fue en los años de la inseguridad cuando el municipio registró una caída dramática, pues en 2009 la cantidad apenas era cercana a los 21 mil turistas.

Es en los últimos dos años cuando las visitas al Pueblo Mágico empezaron a recuperarse, registrándose casi 38 mil en 2014.

Entre los puntos amenazantes al Pueblo Mágico, refiere el documento, está la infraestructura turística y desarrollar mejores estrategias para atender al turista. También se refiere una baja operatividad de la oficina de turismo y de los productos turísticos del municipio.

Como ventajas, el documento generado por el Comité resalta las bondades geográficas de la zona, así como su riqueza cultural. De igual forma, destaca los planes de conservación generados con el Instituto Nacional de Antropología e Historia de Nuevo León (INAH).

“Santiado de los barandales”

“Ser Pueblo Mágico ha tenido sus ‘pros’ pero también varios ‘contras’”, explica Gregorio Rodríguez, presidente del Consejo de Cultura y Crónica de Santiago.

Como crítica, señala que en los años en que el municipio se declaró como Pueblo Mágico se han incrementado las obras de infraestructura, aunque la mayoría han sido de mala calidad, generando incertidumbre por el destino de los recursos.

Resalta que gracias a la denominación, la arquitectura histórica de la villa se ha conservado, pero incluso en su afán de mejoras el municipio, ha abusado de colocar barandales en las calles, por lo que ahora los pobladores llaman al pueblo “Santiago de los barandales”.

“Hay mucha gente que le llama ‘Santiago de los barandales’, en su vida la cabecera municipal había tenido barandales y ahora lo saturaron”, critica el historiador.

Sin embargo, destaca que el turismo es bueno para la zona, siempre y cuando “respetaran los lugares de estacionamiento”, pues el tráfico vehicular se ha convertido en un problema.

Como punto positivo en estos 10 años, Santiago continúa manteniendo la magia gracias a su belleza arquitectónica, la traza urbana antigua y sus parajes naturales. Además, la población mantiene una actitud servicial gracias a la cultura e historia de su comunidad.

“A lo largo de los 10 años se ha invertido, eso es cierto, pero no con la honradez que demanda la aplicación de los recursos federales y el estatal que se aporta, y por desgracia el municipio es sólo un observador”, expuso Gregorio Rodríguez.