9 de septiembre de 2014 / 01:25 p.m.

MONTERREY.- La función de las 16:00 horas en el circo Kenya ha terminado, pero las familias se quedaron con ganas de ver más tiempo a las grandes estrellas del show: los animales. Al salir de la carpa, tienen todavía oportunidad de pasar a observarlos, pues las jaulas están a la vista de cualquier transeúnte.

Pero no todos tienen las mismas opiniones al cruzar su mirada con la de los animales que se asoman tras los barrotes de una jaula, donde apenas cabe uno, pero hay dos de ellos. 

Algunos amarrados de las patas, otros del cuello, la mayoría de las especies se encuentran en un área junto a la carpa y de las casas rodantes de artistas y trabajadores del circo, donde una lona los cubre parcialmente del sol y de los más de 32 grados de temperatura. Se quitan el calor bebiendo agua que uno de los cuidadores puso en un pequeño recipiente junto a sus patas y dentro de las jaulas de los felinos.

"¡Pobrecitos, mami, los ponis han tener mucho calor!", "¡Ay mira tómame una foto donde se vean los tigres", "Pobres animales, están en el mero sol".

Las opiniones son muchas y variadas, pero la función debe continuar y para eso, los tigres, panteras, changos, ponis, dromedarios y demás atracciones del circo tendrán apenas unos minutos más de descanso.

"Pasen, pasen a ver a los animales del gran circo Kenya" dice el joven en el pasillo de la entrada mientras se empieza a formar una fila de niños y adultos sobre la avenida Santa Cruz, para la siguiente función.

El acceso no está permitido para los medios de comunicación, pues el domingo "es un día lleno de trabajo. Tenemos funciones hasta las diez de la noche", dice el promotor desde la entrada.

Para documentar el trabajo que se realiza por dentro, así como los cuidados que se da a los animales, es necesario la autorización del encargado que posiblemente podría tener unos minutos el próximo martes, en el último día de su estancia en el municipio de Guadalupe.

"EL CIRCO MÁS GRANDE DE MÉXICO"

En la avenida Lincoln en Monterrey resalta una estructura con forma de castillo adornada con cientos de luces de colores y enormes dibujos de tigres, leones, chimpancés y cebras. Es el Barley Circus, "El más grande del país", según su eslogan.

Dentro de esta carpa viven más de 250 animales que realizan diferentes apariciones en las funciones que ya se ha presentado en Escobedo y San Nicolás.

Aparecen en la pista de lunes a jueves a las 20:30 horas y los fines de semana a las 18:15 y 20:30.

En las mañanas realizan las mismas actividades que cualquier otra especie: comen, caminan, duermen e incluso juegan un poco, aunque algunos deben ser encerrados o amarrados.

A un lado de la carpa principal hay otra de dimensiones similares, pero ésta no tiene butacas ni escaleras, ni rampas especiales, sino jaulas, vallas alrededor, tierra, paja y hasta una laguna con lodo donde Toyser, un hipopótamo de una tonelada y media de peso, puede refrescarse.

En la entrada una llama se acerca lentamente para recibir con un beso a Óscar Barrera, promotor del Barley Circus.

Todos los animales están en la hora de su comida. A la derecha una cebra mascando hierbas y ramas. Junto a ella una jirafa hace lo propio con un bocado similar desde su jaula, la más grande de todas. Dos changos araña bebés gritan mientras asoman su pequeña cabeza entre las barras metálicas de la armazón donde están encerrados para protegerlos del resto de los de su especie, a decir de Óscar Barrera.

A la izquierda toros, caballos de varias razas: árabes, percheros y brumby; ponis y dromedarios ingieren su dieta herbívora.

Al fondo dos grandes camellos se pasean de lado a lado, mientras un grupo de llamas beben agua en un tonel.

De entre todas las especies resaltan por su imponente figura, cuatro elefantes. Uno de ellos tuerce las orejas, señal de que está molesto, aunque la razón no se sabe, pero es mejor alejarse.

Desde afuera Bruno, un chimpancé joven, levanta las cortinas metálicas de su 'casa', una caja de tráiler asegurada con barrotes. Bruno responde al llamado de Óscar y avienta un beso, luego vuelve a cerrar las cortinas.

A unos metros y después de haberse dado un chapuzón, se encuentra descansando Toyser, el hipopótamo. Sus ojos y nariz están rodeados de moscas, atraídas seguramente por el mal olor que despide.

En una jaula frente a él, un oso negro de casi dos metros de altura espera ansioso que su cuidador venga a liberarlo y poder andar por unos momentos fuera de las barras metálicas. Para seguridad de los trabajadores y de los animales, tras sacarlo de su encierro, el oso es amarrado con una cuerda anclada a la tierra mientras camina.

Un fuerte rugido se escucha enfrente. Es el área de los felinos. Están paseando de un lado a otro en sus jaulas, pues ya percibieron el olor del pollo fresco.

En las dos primeras cajas hay cuatro panteras y tres tigres. En las siguientes un león blanco, un tigre blanco, tigres y leopardos.  

Algunos comparten sus jaulas hasta con tres y otros, por sus dimensiones, están solos. Adentro tienen recipientes con agua y solamente sacan el hocico entre las rejas para alcanzar con sus afilados colmillos las piernas de pollo y devorarlas. El olor en el área es fuerte por la orina de las fieras, aunque ningún desecho se observa dentro de las jaulas.

'NADA QUÉ OCULTAR'

Para poder instalarse en los municipios de Nuevo León, el Barley Circus debió contar con un permiso que otorgan los departamentos locales de Protección Civil en el que se comprueba que el espectáculo cuenta con planes de contingencia, así como instalaciones seguras.

También las autoridades federales competentes, la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales, y la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente realiza recorridos de vigilancia al interior, mediante los cuales se aprueba que los animales se encuentren en condiciones debidas, o de lo contrario son retirados del lugar.

Óscar Barrera está seguro que el circo donde trabaja no oculta nada, por eso se permite el acceso a cualquier persona que lo solicite y a los medios de comunicación, al área de los animales.

REGLAMENTAR A TODOS

"Tú llegaste sin previa cita e inmediatamente se dio la atención, si hubiese algo qué ocultar te hubiera dicho que te atendía otro día, pero no, te di el tour", mencionó.

El promotor de Barley resaltó la importancia de reglamentar no solamente los circos con animales, sino cualquier espectáculo en el que utilice a alguna especie como entretenimiento.

"Las leyes se hacen para aplicarlas en general, ellos quieren aplicar una ley únicamente para circos, y yo me pregunto ¿y las corridas de toros, las peleas de gallos, las carreras de caballo, etcétera? ¿Por qué nosotros sí y aquellos no?", cuestionó.

FOTO Y TEXTO: ADRIANA DÁVILA