MARCELA PERALES
20 de octubre de 2015 / 09:52 a.m.

Monterrey.- Armando Durán tiene 23 años y tiene sordera profunda desde su nacimiento a causa de un medicamento que tomó su madre durante el embarazo. No escuchó ningún sonido hasta la adolescencia, cuando le fue colocado un implante coclear.

"Mis papás comenzaron a darse cuenta que yo tenía pérdida auditiva cuando yo tenía seis meses aproximadamente cuando yo no reaccionaba a los portazos desde que era bebé", explicó Armando

Armando decidió aprender la lengua de señas y enfrentar al mundo, pero el mundo no lo enfrentó a él porque en Nuevo León existen muy pocas personas incluyentes.

Este mismo ejemplo lo vive Jesús Ángel de 20 años y probablemente las más de 20 mil 396 personas con discapacidad auditiva en el Estado.

Según el INEGI, hasta el 2010, la Entidad registra un total de 185 mil 427 personas con discapacidad, el 11.1 por ciento de ellas, tienen alguno de los dos tipos de sordera.

Rosa Elena Botello, especialista comenta que "La hipoacusia es la perdida leve o moderada y se puede utilizar auxiliares o aparatos auditivos para ser funcional en la vida diaria y la sordera es la pérdida total de la audición y se limita en cierta manera la funcionalidad de la vida diaria".

Por su parte Jesús Ángel comentó que es necesario que las personas estudien el lenguaje de señas y así les brinden una oportunidad para comunicarse.

"Hay muchos sordos, hay bastantes sordos y necesitamos que la gente estudie, que estudien para que estemos bien y nos entiendan todo", comentó.

Es así como realizar un trámite, preguntar un precio y la simple convivencia diaria se vuelve una de las tareas más difíciles para las personas que padecen discapacidad auditiva.

Aunque autoridades prestan atención, tal parece que falta mucho para que todos los nuevoleoneses hablemos un idioma universal entre nuestras diferentes capacidades y discapacidades.