8 de agosto de 2014 / 01:55 a.m.

Monterrey .- Por un momento, Ángel Nicolás sintió que iba a morir, tragado por la tierra que se hundía, metro a metro, frente a él.Nunca pensó que momentos después se desataría un pedazo de infierno en esa calle que todos los días transita sobre Valle Oriente.

Ángel Nicolás Cobos Rivas estuvo sobre el lugar donde una fuga de gas provocó una enorme llamarada que ardió horas sobre la avenida Lázaro Cárdenas, en los momentos previos a que estallara. Su camioneta ardio totalmente.

Afortunadamente no hubo lesionados, pero la alarma cundió en pocos minutos. Unos dos mil personas, empleados del Centro Comercial San Agustín, de hoteles, restaurantes y comercios cercanos fueron evacuados.

Mientras caminaban a lugar seguro, veían extasiados, y muchos asustados, las lenguas de fuego que rebasaban facilmente la altura del poste peatonal por el que a diario cruzan.

En la construcción cercana laboraban 400 personas. Todas fueron convocadas a salir, ante el riesgo de que un derrumbe, pues la excavacion estaba al lado de la fuga, y se se notaba la tierra removida. Pero ellos ni siquiera se habían dado cuenta.

Un par de horas de espera fue suficiente para que todos los empleados recibieran la orden de retirarse a sus casas. No habría trabajo este jueves.Las llamas seguían ardiendo y alzandose hasta 10 metros de altura, mientras la vialidad se desviaba por donde podía. Miles de conductores que debían circular por la avenida Lázaro Cárdenas, se quedaron atorados por las desviaciones provocadas por los crierras obligados.

Pero también las personas que trabajaban cerca sintieron sus efectos. Todos se quedaron sin transporte y tuvieron que caminar muchas cuadras.Isabel Montemayor vio las llamas por la televisión, pero no imaginó la escena dantesca que encontró al salir a comer.

Al final, el saldo fue blanco en el aspecto humano. Todos fueron evacuados a tiempo, las llamas no crecieron, y se logró controlar el incendio.Pero quedó en la mente de todos, y en la historia de la ciudad.

FOTO: Edgar Montelongo 

FRANCISCO ZÚÑIGA