ZYNTIA VANEGAS
30 de septiembre de 2015 / 09:37 a.m.

Monterrey.- Ha dedicado más de la mitad de su vida a ser bombero, y a sus 74 años sigue sirviendo a los demás.

Aunque en enero dejó el cargo como comandante de Bomberos de Nuevo León, Andrés Molina sigue de cerca el trabajo del Patronato.

Desde sus 16 años tuvo su primer contacto con un incendio, y sin ser profesional trató de apagarlo, fue entonces cuando descubrió que quería ser bombero.

"Un sábado estábamos jugando futbol cuando nos avisan que se estaba quemando una carpintería. Dejamos de jugar y corrimos con lo que había, con tinas, extinguidores, agua y tierra, y entre todos lo controlamos.

"Cuando llegaron los bomberos les pregunté qué necesitaba para ser como ellos", comparte el comandante.

Aún conserva fotografías de la estación ubicada en Juárez y Allende que en 1962 se mudó a la avenida Constitución, donde permanece actualmente.

Bomberos
Durante un incendio en una aceitera en Escobedo, los bomberos del Estado perdieron todo su equipo | MARCELA PERALES

Ha trabajado en todo tipo de incendios, huracanes, inundaciones, terremotos, explosiones y en más de una ocasión su vida ha estado en riesgo.

El ataque al Casino Royal fue una de las tragedias que sacudió al ser humano que se vistió de Director Operativo a cargo de las labores.

"Sentía impotencia. Yo buscaba más personal para que me ayudara a sacar a la gente, pero no había nadie. Pero sacaba fuerzas, luego regresaba a atacar el fuego", señala.

La camiseta se quita, pero yo tengo a bomberos tatuado en el corazón, dice el comandante, porque a pesar de las necesidades y los riesgos, siempre será bombero.

El comandante Andrés Molina nació con ese don de servir, ver el rostro de alguien que está a salvo es su mayor satisfacción.