18 de noviembre de 2014 / 02:20 p.m.

MONTERREY.- La nomenclatura advierte que se trata de una calle: la Flores Magón, pero el escenario es otro. Da la impresión que es un terreno sobre el cual cayó concreto de una construcción y que ahora se usa como pasadizo para ir de un extremo a otro de la colonia CROC al norte de Monterrey.

La rutina llega con la mañana y aclara toda duda: pasan dos ciclistas, un carretonero de la basura, coches particulares, el camión del pan y la camioneta de los refrescos; no, no es un desolado terreno, es una calle más del área metropolitana, con cráteres al por mayor.

Juan Banda pasa por la calle Flores Magón; es un habitante del sector que ya no presta atención a los baches, y en su caminar esquiva en automático los pozos porque conoce la rúa como la palma de su mano: lleva años caminando por aquí, tantos como –dice- ninguna cuadrilla de recarpeteo se apersona.

"Aquel bache se hizo cuando arreglaron una fuga de agua, el pozo se ve donde no lo llenaron bien", dice mientras apunta con el dedo una zanja rellena de concreto sumido en el pavimento.

Los baches crecen con cada lluvia, cuenta, y explica que aún hay vecinos que no pierden la esperanza y reportan la situación; a lo mucho, llegan trabajadores municipales para rellenar los pozos con tierra y material que a la larga se convierte en pedrería.

"En esa calle sólo echan tierra y con la llegada de agua se lo lleva y otra vez se ve como estaba antes", platica

La ruta diaria de los vecinos está conformada por cráteres grandes y pequeños, hondos y otros con piedras sobrepuestas; en días soleados es más fácil que con la lluvia, porque el caminar a la parada del  camión o la estación del Transmetro en la calle Julio A. Roca, se convierte en una expedición en la que las plantas de los zapatos habrán de obtener una suela temporal de barro, o en el peor de los casos, no habrá pies secos con que llegar al trabajo.

LA CALLE CLAVE

La calle Flores Magón es una opción vial para los que quieran subir de Julio A. Roca hacia la avenida Camino Real, o circular en sentido contrario, incluso la ruta 207 pasa por el lugar.

El tránsito vehicular es continúo, lento y en ambos sentidos. Los taxis con o sin pasaje, camiones que surten mercancía a una tienda en la calle Huelga de Cananea, vecinos a bordo de su bicicleta o automóvil circulan casi raspando, con el ruido de las llantas que pareciera pasan sobre una terracería evitando caer en un pozo.

Los desprevenidos que viajan en los coches y no saben de los cráteres en la Flores Magón, saltan desde sus asientos mientras las llantas brincan los baches. Algunos automovilistas toman su ruta diaria y saludan a un hombre de la tercera edad que vende elotes en la esquina de la calle Mártires de Chicago quien ha visto la transformación de la calle y la poca durabilidad del material usado sobre el asfalto.

"Hace cuatro años dijeron que iban  hacerle una emparejada  y se la dieron, pero mire vienen y le ponen nomás lo que sobra. Ahí está el trabajo que hacen, le echan solo tierra, no le echan cemento o no sé qué material usen", dijo el vendedor que tiene varios años con el pequeño negocio.

El elotero conoce bien el cruce y recuerda cómo los baches han ocasionado innumerables accidentes de solo daños materiales.

"De choques ya ni los cuento, perdí la cuenta… no han ocurrido con sangre pero si ha afectado los muebles, las llantas, la carrocería de las camionetas. Hace una semana ocurrió uno, el golpe estuvo fuerte, pero solo eso", contó.

Aunado a esto las calles carecen con la placa de los nombres pues el municipio las retiró para colocar otras con nuevo material.

Un hombre a bordo de un camión con mercancía preguntaba por la calle Huelga de Cananea, el vendedor le dijo que estaba ahí en la tienda (a una cuadra).

"Todos los días pasa la gente en carro y preguntan: oye amigo cómo se llama esta calle, cómo se llama esta otra y pues las calles no tienen el nombre. Vaya por dónde vaya en ninguna parte está la placa", dijo el elotero.

Pero además de las malas condiciones del asfalto, los habitantes soportan los problemas de contaminación que existe en la misma calle, según narraron que a bordo de vehículos la gente baja al final de la vía y tira bolsas con animales muertos o cualquier desecho.

"Pasan en su auto y se detienen tantito para arrojar las bolsas como ahí ni está recarpeteado ya lo usan de basurero; pero no se imagina el olor que se desprende de los perros muertos, cochinos; el mosquerío que se hace, es insoportable y más en calor”, dijo otro habitante.

"Estamos olvidados… de a todo"expresó desanimado Juan Banda, quien a su edad mantiene la esperanza que las carencias de su sector se solucionen y otra generación pueda ver una colonia mucho mejor, que aunque ha tardado 10 años en ‘componerse’ ojalá el gobierno atienda pueda atender sus peticiones y las promesas que hacen a los vecinos durante las campañas.

FOTO Y TEXTO: Deenitza Almanza