JOEL SMAPAYO CLIMACO
26 de febrero de 2016 / 09:54 a.m.

Monterrey.- La tarde del jueves 25 de febrero en Monterrey era de un intenso y extraño cielo azul, el tráfico de la siempre congestionada avenida Lincoln de pronto debió ser detenido por patrullas que por única ocasión no concedieron el derecho de paso que habían gozado los camiones del sistema Ecovia.

Y es que había una enorme justificante; un corazón en vida latente viajaba en un helicóptero y debía llegar lo más pronto posible al hospital 34 del Seguro Social para ser trasplantado a una mujer de 40 años que ya esperaba, sedada, en el quirófano.

Era el último tramo de un viaje que inició una hora antes en el aeropuerto de Morelia, Michoacán. AhÍ fue abordado un avión por un equipo de procuradores, nombre técnico de los especialistas en obtener o procurar órganos para trasplante.

Llevaban una carga muy valiosa oculta en lo que parecía ser una hielera común. Adentro, flotando en una solución protegida por bolsas transparentes, atesoraban un joven corazón.

Mientras el equipo viajaba de Michoacán a Monterrey, la receptora, Lorena, madre de tres hijos, ya esperaba en el quirófano.

Temprano recibió una llamada telefónica a su casa donde fue notificada que debía dirigirse de inmediato al hospital regional de altas especialidades en cardiología.

Se le avisó que había un corazón compatible a 670 kilómetros de distancia y debía ser sometida al procedimiento prequirúrgico. Su espera en busca de un donador había terminado.

A las tres y media de la tarde tocó pista el jet en el Aeropuerto Internacional de Monterrey y en plataforma general se detuvo a un lado de un helicóptero amarillo y rojo con las turbinas encendidas.

Era un Lecuriel de fabricación francesa al mando del capitán José Luis Escobar y el navegante Alfonso Garza Junco.

Tres miembros del equipo medico subieron con la hielera y despegaron rumbo al hospital.

Oficiales de vialidad de Monterrey ya se encontraban listos para atravesar sus patrullas y detener la circulación, mientras que decenas de familiares de pacientes y curiosos encañonaron sus teléfonos móviles ante el inusitado espectáculo.

Sin hacer una vuelta de reconocimiento, la aeronave de fabricación francesa fue enfilada a un estrecho callejón flanqueado por torres con cables de alta tensión... brigadistas de Protección Civil de Nuevo León se mantenían al tanto de la riesgosa maniobra.

Ya en tierra, sobre la ruta destinada para la Ecovía, bajaron los ocupantes con la hielera roja y blanca, listos para entregar en la mesa de operaciones e iniciar la cirugía que le daba esperanza a una mujer con severos problemas cardíacos.

La decisión de donar sus órganos de la familia de un joven michoacano con muerte cerebral, permitió consumar esa espectacular carrera a favor de la vida.