21 de junio de 2014 / 02:15 p.m.

Monterrey.- Los cascos de los caballos golpeando la tierra sonaban cada vez más cerca; Luz de cuatro años se ocultaba entre matorrales y junto a su madre y su hermana se quedaban inmóviles  para no ser descubiertas por los villistas que asolaban Laguna de Santa Rosa, un pueblo de Galeana. Era 1916.

La escena de las tres mujeres escondidas es el recuerdo más antiguo de María de la Luz Tovar Ortiz, quien hoy vive en Paseo del Prado, en Juárez Nuevo León y que nació un 23 de junio de 1912.

"Yo estaba chiquilla. Los villistas mataban a la gente y se robaban a las mujeres, pero las más ágiles subíamos al monte porque los caballos que ellos usaban tenían herraduras y no podían subir (…) me escondía detrás de un chaparro en el cerro y yo nos escondíamos. Los carrancistas los echaban en corrida", dijo la centenaria.

María de la Luz no solo sobrevivió a la época de bandoleros revolucionarios, dos guerras mundiales, la modernidad, la globalización, la pobreza y el hambre hasta sumar 102 vueltas al sol.

"Trabajé desde muy pequeña para mantenerme. Hacía tortillas para ayudar con los gastos de la casa", dijo.

'Abuelita Lucita' como de cariño la llaman sus familiares, gusta pasar las tardes tomando aire en una mecedora de la cochera después de pasar la mañana en la cocina preparando la comida. Durante todo el día cuida a cuatro de sus tataranietos, y los domingos va a misa aunque declara que "nomas voy a ver porque no oigo nada".

La centenaria mujer perdió el ojo izquierdo por una parálisis facial, hace diez años se fracturó la cadera y tiene que caminar con andador y no escucha bien pero su corazón, sus pulmones y su vista están bien. Nunca ha tenido intervenciones quirúrgicas y no padece enfermedad alguna.

Lucita confiesa que el secreto de su longevidad es una sana alimentación y sobre todo, explica, "la fe en Dios".

"Ya me tocó batallar con mis hijos, ahora a ellos les toca conmigo. No puedo caminar de vieja, pero mientras Diosito me preste vida yo sigo contenta con ellos. Primeramente está Dios y la Virgen, por eso vivo tranquila", mencionó.

Sus bisnietas y primera generación de tataranietas hicieron un cálculo: la descendencia de Lucita supera 300 personas, es posible que existan más y la mayoría de la estirpe desconoce que la tatarabuela aún vive.

En la cuenta regresiva a su aniversario 102,  Luz  se describe como una mujer conservadora, pero moderna. Comparte que cuando tenía 20 años, es decir en 1932, se opuso a la opinión de la sociedad,  y se casó con quien asegura, el único hombre que amo. 

"Antes había un librillo que se llamaba el oráculo, ése me adivinaba. Cuando era novia de Hipólito, mi esposo, fui para conocer mi destino. Ya ve como es uno de muchacha que anda de pronta queriendo adelantarse", confiesa provocando la carcajada de sus tataranietas presentes.

"Muchas (mujeres) andaban de metiches decían que no me casara, pero el oráculo me dijo que no me creyera de lo que me decían, que primero era la felicidad, que si me iba para otro lado era mi ruina. Diosito me ayudó, me casé con él y pasé mi vida muy  feliz", concluyó.

FOTOS: Alejandro Cavazos

MAYTE VILLASANA