14 de mayo de 2014 / 10:11 p.m.

Monterrey.- El adiós a uno de los grandes capitanes del país fue reflejo del estilo de vida que privilegiaba en su vida diaria: sobrio, sencillo y rodeado de familia y amigos.

No había otra forma de despedir a Lorenzo Zambrano. Una iglesia de Fátima abarrotada, donde los recuerdos hacia el presidente del consejo de administración de Cemex afloraron.

Eso sí, cada quién evocó a su manera al extinto empresario.

El desfile de personalidades políticas y empresariales inició apenas el reloj dio las tres de la tarde. De estricto negro, uno a uno llegaron funcionarios de estado, alcaldes, familiares, amigos. Nadie se detenía, todos entraban de prisa.

Un helicóptero sobrevoló la iglesia con el presidente Peña Nieto y su comitiva, confirmándose así que no acudirían a la misa.

Al filo de las cuatro los sacerdotes ingresaron para dar comienzo a la homilía. Alejandro Treviño, primo del fallecido empresario, presidió el acto.

Música, aplausos, resignación, y el mensaje de cuatro de los sobrinos Zambrano a nombre de la familia marcaron el acto.

La urna con los restos se mantuvo al frente de la iglesia.

Al final, todos se volcaron en pos de Nina Zambrano, hermana del empresario, que recibio el pésame de los presentes.

La familia no reveló donde serán depositados los restos del ingeniero. El imperio del cemento que construyó tendrá un nuevo capitán en breve, todo bajo el legado de Lorenzo Zambrano.

LUIS GARCÍA