7 de abril de 2014 / 12:15 p.m.

Monterrey.- Definido en el Código Penal del Estado como "la privación de la libertad de una persona", el secuestro es mucho más que eso: se trata del delito que más lacera a la sociedad.

Estudios como el desarrollado por CIDAC, Centro de Investigación para el Desarrollo, dan clara muestra de ello. Para elevar el uno punto porcentual de la percepción de inseguridad, se requieren 103 robos con violencia de vehículos, 100 robos con violencia a transeúntes, 19 casos de extorción, cinco homicidios dolosos y por lo menos dos denuncias por secuestro.

Ramiro, nombre ficticio para proteger su identidad, fue plagiado en el 2011, mientras paseaba en un parque en San Nicolás. Su caso no fue planeado: lo confundieron, pero una vez en poder de sus captores, le exigieron 100 mil pesos por liberarlo.

Tras horas que le resultaron eternas, Ramiro fue liberado, previa entrega de dinero, joyas, pantallas y vehículos.

Ese año fue el segundo peor en materia de secuestros. Las víctimas denunciaron 51 casos, sólo por debajo de los 61 que se registraron de manera oficial en el 2012.

En la página del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, se da cuenta que de 1997 a febrero del 2014 en Nuevo León se denunciaron 261 secuestros.

Pero esta cantidad no está ni siquiera cerca de la realidad.

Isabel Miranda de Wallace, presidenta de la asociación Alto al Secuestro, pone en su justa dimensión el fenómeno. Entrevistada vía telefónica, la activista revela esa proporción que a las autoridades no les gusta escuchar.

"Por cada 11 secuestros se denuncia un caso, además aunado a lo que  INEGI presentó en su encuesta de victimología, es muy distante la realizad a lo que reportan"

Aplicando este factor, la cifra real de secuestros en Nuevo León del 97 a la fecha, ronda los 2 mil 871 casos.

Hace una semana, la Procuraduría de Justicia dio a conocer la desarticulación de una banda de plagiarios que operaban en la región citrícola. Uno de los seis detenidos, Patricio Flores Rocha, era director de Panteones en el municipio conurbado de Santiago.

Este hecho demuestra que el negocio está alcanzando otros niveles.

"Tenemos dos tipos de secuestros, uno que lo perpetra la delincuencia organizada y otros de jóvenes que se organizan  y secuestran por un monto muy bajo pero impactan a gran cantidad de personas".

Aunque Nuevo León goza en estos momentos de reconocimiento nacional, junto a Puebla y Chihuahua, por el éxito de sus unidades antisecuestro, los involucrados en el tema advierten que aún falta mucho por hacer.

Y es que la duda sobre la cifra negra de este delito siempre prevalecerá.

 Luis García