MILENIO DIGITAL.- CÉSAR CUBERO
13 de agosto de 2016 / 10:00 a.m.

MONTERREY.- Drogadictos y mujeriegos son dos de los adjetivos con los que la mayoría de las personas suelen describir a los traileros, quienes aseguran que ese estilo de vida es en realidad un mito.

Una tienda de conveniencia a la salida de la ciudad se vuelve la parada oficial para la mayoría de los choferes antes de emprender su viaje. A decir de ellos, cada día arriesgan el pellejo al sentarse frente al volante.

Con unos litros de agua bien helada en sus manos, don José (nombre ficticio) no duda en destacar lo sufrida e incomprendida que es la vida de quienes laboran como conductores de vehículos de carga.

El trailero aprovecha para aclarar que la fama que tienen de mujeriegos es por culpa del Johnny, personaje que caracterizara Erik Estrada en una famosa telenovela mexicana.

"No es cierto que tengamos una en cada pueblo, el culpable de todo es el Johnny, el de la novela", dice entre risas.

Mientras tanto, otro trabajador del volante habla sobre cómo es vivir en un tráiler sin aire acondicionado, como el de don José, que es casi estar en "el infierno".

"Cómo quieres que sea la vida aquí en el tráiler, pinche calorón es una putiza", expresa el hombre, quien usa un paliacate verde y lentes oscuros.

Según ellos, la imagen que tienen de ser consumidores de drogas es una mentira, pues las empresas para las que laboran les realizan pruebas antidoping periódicamente.

"Dicen que tenemos fama de drogadictos, de mujeriegos, pero no es cierto", enfatiza el más joven de los traileros de Transportes El Bisonte, de San Luis Potosí.

Para don Macario, pasar sus días en el camión de carga significa estar algunas horas manejando y otras durmiendo atrás del asiento, en un colchón sumamente gastado. Dice que teme por su vida, pero más por cuestiones de inseguridad que por un accidente vial.

En ese sentido, recuerda en los últimos años ha sido víctima de tres intentos de levantón, en los cuales pudo salvar la vida, aunque las unidades que manejaba le fue arrebatadas por los criminales.

"Me han quitado tres unidades con pistola en mano; en la segunda sí pensé que no la iba a contar, que ya hasta ahí, porque la persona que me estaba amenazando estaba bien drogada", destacó don Macario.

Antes de volver a encender el motor de su pesada unidad, el hombre, desconsolado, se despide lamentando una injusticia por parte de la sociedad, debido al trato que ésta le brinda a los choferes.

"Para mí, la vida del trailero es bastante sufrida, porque a pesar de que nosotros movemos el país, toda la economía depende prácticamente del transporte, nos tratan de los peor a donde quiera que llegamos, siendo personas que somos bien trabajadoras, que no tenemos ni horario de entrada ni de salida, aquí vivo en esta cosa", enfatiza.

El ruido del motor aumenta, se escucha el cambio de velocidades, y don Macario, a casi 40 grados, toma de nuevo la carretera a Laredo.