AGUSTÍN MARTÍNEZ
25 de julio de 2017 / 08:35 p.m.

MONTERREY.- Fue a mediados de la década de los 80, en una de sus muchas andanzas por el mundo del beisbol, que José Guadalupe conoció en la ciudad de Los Mochis, Sinaloa, a quien sería su esposa.

Alba Alicia tenía 17 o 18 años cuando cautivó a aquel pelotero profesional, que despegaba como jonronero en la Liga Mexicana y en el Pacífico.

No se sabe si fue amor a primera vista, lo cierto es que se flecharon. Se hicieron novios, a los pocos meses unieron sus vidas, y tuvieron tres hijos.

Por motivos de trabajo de "El Bronquito Leal”, la familia radicó en diversas ciudades, donde fue muy feliz. Nadie imaginaba entonces la forma tan drástica y dramática en la que terminaría este matrimonio.

José Guadalupe Leal Pérez, de 55 años, jugó la “pelota caliente” en ciudades como Monterrey, Monclova y Reynosa, además de Los Mochis, de donde era originaria su amada, Alba Alicia Arredondo Aguirre, de 50 años.

Después de 20 años de brillante trayectoria, en la que se ganó el respeto de propios y extraños por su poder al bat, “El Bronquito Leal” decidió colgar su guante.

Con su amada familia se estableció en su ciudad natal, Cadereyta Jiménez, donde se colocó como instructor deportivo en el Ayuntamiento local.

En realidad nunca se alejó del beisbol, pues siguió practicándolo en forma amateur. Primero durante algunos años con “Los Broncos de San Juan”, y más recientemente con los “Toros de Montemorelos”, en la Liga Veteranos de Cadereyta.

Leal Pérez siempre fue reservado. Algunos de sus conocidos dijeron que ni siquiera tomaba alcohol. Nunca supieron que fuera agresivo, al contrario, lo calificaron como una persona sumamente tranquila.

Ante la ausencia de testigos del incidente en el que él se suicidó ahorcándose, después de asesinar a puñaladas a su mujer, las autoridades ministeriales continúan la investigación.

Los agentes estatales presumen que fue una cuestión de celos lo que generó la ira en el exbeisbolista, sin embargo, no se ha confirmado.

La tragedia se escribió como a las 18:00 horas del lunes en el número 411 de la calle Morelos, esquina con Emiliano Zapata, en el centro de Cadereyta.

Esta triste historia consternó a un amplio sector en aquella localidad, pues nunca nadie imaginó que aquel vecino serio y tranquilo sería capaz de cometer un acto así.



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