11 de febrero de 2014 / 12:44 a.m.

Monterrey.- Un nuevo pretexto para los estancados automovilistas que circulan por Lázaro Cárdenas y Garza Sada salió a flote: y son, precisamente, los estanques que por obra y gracia de unos ocho veneros se han formado en las excavaciones de un paso deprimido cuya construcción no parece tener fin.

A los pies del maltrecho monumento de tata Lázaro, el ex presidente de méxico, una acumulación de aguas verdosas espera la siguiente etapa de la obra para ser bombeada y sellar los manantiales que surgen ante cualquier excavacion.

La Secretaría de Comunicaciones y Transporte anunció que el paso deprimido sería concluido en diciembre del año pasado, seis meses después de iniciados los trabajos, ya va sobre el segundo mes de retraso y los constructores argumentan haber encontrado infinidad de obstáculos que no aparecían en los planos, como ductos, cableados y, ahora, los veneros.

A eso hay que agregar el colapso de un paso peatonal cuyo soporte central se hundió mientras las excavaciones continuaban a su alrededor, el puente está siendo desmantelado con procedimientos manuales y los obreros sonríen, dicen entre dientes que acabarán pronto porque sus estructuras, vaciados de concreto y enmallado, estaban, cito textual, "pal' perro".

Mientras tanto, los estudiantes universitarios del Campus Mederos deben cruzar Lázaro Cárdenas apoyados por oficiales de Tránsito pero, al caminar entre las obras, deben hacerlo por un sendero tapizado de cascajo, ni siquiera hubo para ponerles arena o grava.

En tanto, el clamor diario de los automovilistas parece no tener límites, a las 9:00 horas un recorrido de cinco kilometros del retorno a La Rioja al puente de Garza Sada y Lázaro Cárdenas demoró 35 minutos, una velocidad de unos nueve kilometros por hora, por fortuna, muy lejos del límite de 60.

Hasta ahora los conductores han demostrado una cordura que en otros lados no se ve.

Joel Sampayo Climaco