AGUSTÍN MARTÍNEZ
12 de septiembre de 2017 / 10:19 p.m.

SANTA CATARINA.- Eloísa se desvivía por cuidar, amar y proteger a su hija. Siempre, a cada instante, estaba al pendiente de ella, especialmente porque es autista.

Nadie se explica cómo o por qué motivo alguien la asesinó, y más de esa manera: con tanta saña y salvajismo.

Los vecinos de Privadas de Santa Catarina se encuentran sorprendidos, tristes y a la vez temerosos, al saber que el asesino anda libre.

Indicaron no haber visto ni escuchado nada extraño la mañana del lunes, en el domicilio de Eloísa Margarita Martínez Villarreal, quien contaba con 41 años y se dedicaba al hogar.

Ella fue descrita como una persona reservada y muy seria. Casi con nadie platicaba en el vecindario, salvo con sus vecinos de al lado o de enfrente.

Eloísa vivía sólo para su hija y su esposo, empleado de la Secretaría de Hacienda, según dijeron algunos de sus conocidos.

Por ahora las autoridades se encuentran ante diversos cuestionamientos en torno al crimen, aunque una de las principales líneas de investigación apunta al robo.

El esposo de la ahora occisa, José Luis Macías Contreras, también de 41 años, rindió su declaración ante la Agencia Estatal de Investigaciones, y corroboró que el o los homicidas se llevaron un automóvil, dos pantallas y otros objetos de valor.

Los agentes ministeriales también han entrevistado a varios habitantes de las calles Del Teatro y Pamplona, en Privadas de Santa Catarina, pero nadie ha aportado información relevante.
El homicidio de Eloísa Margarita fue descubierto por el esposo, momentos antes de las 14:00 horas del lunes en el número 1117 de la calle Del Teatro, en el referido asentamiento.

Macías Contreras recibió una llamada telefónica de la Dirección de la escuela primaria “Dr. Eduardo Aguirre Pequeño”, ubicada en la misma colonia, y donde su única hija estudia el sexto grado.

Los directivos le indicaron que su esposa no había recogido a la niña a las 12:30, lo que pareció extraño al papá, quien de inmediato se dirigió al plantel escolar y luego a la casa.

En el área de la cocina se encontró con un cuadro aterrador: Eloísa estaba el suelo, bocarriba y con el rostro desfigurado, en medio de un charco de sangre.

Junto al cadáver estaba un bloque de concreto con el que el o los delincuentes la atacaron sin piedad, para poder consumar el robo de los aparatos y del automóvil de la familia, un Volkswagen Vento color gris, con placas de Nuevo León.


pjt